En medio del proceso electoral en Reino Unido, Boris Johnson ha sido duramente criticado por negarse, en todo momento, a mirar la fotografía de un menor enfermo. La fotografía mostraba a un niño, de tan solo cuatro años de edad, en el suelo del hospital de la localidad de Leeds. Una muestra más de una triste estadística que el político no quiere ver: el Sistema Nacional de Salud de Reino Unido ha demostrado que un total de 5.449 ciudadanos han perdido la vida durante los últimos tres años por culpa de las largas esperas que tienen que hacer frente.

La historia del acontecimiento

El político se negó a mirar el teléfono móvil del periodista de la ITV que quería realizarle una entrevista. Tras decir en varias ocasiones que "no", Johnson se lo quitó de la mano y lo guardó en el bolsillo. En la pantalla del teléfono había una escena que el político no quería ver: un niño de unos cuatro años de edad, posiblemente con neumonía, durmiendo en el suelo de un centro hospitalario de la ciudad de Leeds por culpa de la grave falta de camas que está sufriendo el país.

De esta manera, Johnson ve que su orgullo personal (el Sistema Nacional de Salud de su país) se gira en su contra tan solo dos días antes de que la ciudadanía deba votar.

En un último intento, el periodista fue capaz de que el político le diera un vistazo a la pantalla para ver una fotografía que podría llegar a monopolizar lo que resta de campaña. Johnson solo fue capaz de pronunciar que la fotografía era “terrible”.

El deterioro de la sanidad en Reino Unido

Johnson hace tiempo asimiló que el lema de “nuevo gobierno, nueva perspectiva” no es suficiente para justificar que en el país europeo, motor de la economía del continente según Johnson, se han perdido más de 17.000 camas en los hospitales.

El caso del niño de la foto ha sido tratado por todos los informativos del país: Jack Williment-Bar, con tan solo 4 años de edad, se vio obligado a pasar de más de ocho horas, casi la mitad del tiempo encima de un montón de abrigos tirados en el suelo, esperando para recibir tratamiento.

Un hecho que el premier considera que es, simplemente, una “mala experiencia” .

El niño había sido trasladado al hospital en ambulancia por un posible caso de neumonía, ante la posible urgencia. Finalmente, fue diagnosticado de amigdalitis y gripe. La madre del pequeño explicó que llegaron a la zona de emergencias del hospital, pero estaba muy llena de gente, lo que provocó que no hubiera camas suficientes para todos. Su hijo estuvo esperando ocho horas y media, el doble de lo que le dijeron al entrar. Y, en total, esperaron trece horas para que pudiera acostarse en una cama. Una demostración más de que algo está fallando en la sanidad del país (no es la primera vez que se acusa a los políticos británicos de no destinar el dinero suficiente para lograr un servicio de calidad).

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