Fidel Castro, quien en vida gobernara Cuba durante más de 50 años, además de haber dejado al país con profundas dificultades económicas, tanto que incluso hoy en día, después de su muerte y cambio de gobierno, no es posible encontrar medicinas básicas.

La asesoría de Castro no murió con él, pues líderes de izquierda en Latinoamérica, como Hugo Chávez y Nicolás Maduro, continuamente recibían asesoría directa del difunto revolucionario cubano, al punto en el que Venezuela sigue los mismos pasos económicos de Cuba con una inflación de 2.000% en el año 2017. [VIDEO]

Y hoy, los portales de noticias han vuelto a traer el nombre de Fidel a las primeras páginas, no porque alguien haya estado siguiendo su legado, sino por el suicidio de su hijo mayor.

Una larga lucha contra la depresión

Fidel Castro Díaz-Balart, de 69 años de edad, acabó con su vida hoy en La Habana, Cuba, después de luchar varios meses contra la Depresión.

Familiares y portavoces internacionales confirmaron que Díaz-Balart estuvo bajo tratamiento psicológico durante varios meses, incluso recluido en un centro, tratando su depresión. Sin embargo, hoy en la mañana, según el Granma, periódico de mayor trascendencia en Cuba, confirmó su muerte.

No se han dado a conocer mayores detalles, y considerando el cerco informativo cubano, probablemente se obtengan tras varios días.

Más que el hijo de un político

Además de ser hijo del ya conocido dictador, Diaz-Balsrt tuvo una amplia carrera académica: fue físico nuclear, carrera que le permitió ser asesor científico del Consejo de Estado de Cuba.

También fue Vicepresidente de la Academia de Ciencias del país caribeño, sin embargo, poco habéis escuchado de su trabajo porque pretendía mantener un perfil bajo.

De hecho, estudió física nuclear en la ya extinta Unión Soviética bajo el pseudónimo de José Raúl Fernández.

Fidelito, como se le apodaba, también fue Investigador del Instituto de Energía Atómica I.V. Kurchatov; uno de los centros de estudios de energía nuclear soviéticos más aclamados de la historia.

El compromiso de Díaz-Balart con esta carrera era tal, que incluso llegó a construir la Planta Nuclear de Juraguá, aunque la misma no pude ser puesta en funcionamiento, principalmente por el colapso de la Unión Soviética y la imposibilidad de continuar su mantenimiento económico por parte del gobierno cubano; actualmente se encuentra abandonada.

Esta muerte es un claro recordatorio de que la depresión afecta a todos por igual, sin importar la clase social ni el nivel académico, por lo que debe ser tomado muy en serio por nuestra sociedad.