Por fin Gustavo Dudamel aparta la batuta de sus ojos y se percata de que en Venezuela, el régimen de Nicolás Maduro, está matando a la juventud por salir a la calle en busca de la libertad perdida y añorada, por no conformarse con pasar 18 años más sin calidad de vida y dependiendo de un gobierno que entrega migajas, a cambio de arrodillarse ante él.

Los venezolanos están consternados por la furia y la crueldad con que sus fuerzas armadas y delincuentes llamados colectivos, se ensañan y arremeten contra una sociedad sedienta de Democracia, que con valor y fuerza sale a enfrentar, no sólo la falta de alimentos y medicinas, sino a esos que deberían defenderla y por el contrario los ataca de manera infame y discriminada.

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Esta vez la víctima fue Armando Cañizales Carrillo de tan sólo 17 años, quien sin armas, pero con una valentía extraordinaria se expuso a los desalmados que en cada protesta han ido incrementando la represión. Y al final de la jornada queda el rastro y la razón por la cual los venezolanos no tienen comida: bombas lacrimógenas, personas heridas con perdigones…el régimen se ha gastado el dinero en armas para mantenerse en el poder y deshacerse de sus oponentes.

Pero la mayoría de los venezolanos no tiene miedo, las calles se llenan de valor y de esperanzas de que más temprano que tarde el dictador tendrá que irse antes de que una turba enardecida lo busque y lo linche, como han hecho con otros dictadores famosos, quien como éste cree que se eternizará en el poder.

Y para eso, les dio a los venezolanos una razón más para seguir saliendo a la calle: una mal llamada Constituyente convocada por él, una Constituyente que debe convocar el ciudadano bajo las pautas que están en la Carta Magna de Venezuela y que Nicolás Maduro insiste en violar una y otra vez, porque sabe que si la respetara, ya no estaría en el poder.

Hoy 4 de mayo de 2017, los jóvenes estudiantes reciben una dosis más de represión por volver a salir a exigir sus derechos y por aspirar a ese futuro brillante que necesitan para desarrollarse cuando se gradúen de la universidad, pero el dictador no lo entiende y se empeña en enfrentarse a una sociedad que no se va a cansar porque no quiere regalar su país, como el difunto y el actual, lo han hecho a Cuba.

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Hoy hay padres desolados que lloran a sus hijos, familias divididas porque han tenido que emigrar, pero la mayoría de los venezolanos quiere recuperar su país y Nicolás Maduro no es quien para arrebartarles ese derecho.