La semana pasada el mandatario de los Estados Unidos de América, Barack Obama, generó gran inquietud en la población al anunciar un plan para hacerle frente a las tormentas solares, las mismas que podrían desconectar la red entera de energía eléctrica del país, así como también dañar algunos de los servicios básicos, como el agua, transporte y también los de salud. 

Y aunque él mismo hizo énfasis en las acciones que deben ejecutarse para mejorar la respuesta de las entidades gubernamentales ante el susodicho evento de clima espacial, debemos aclarar que esta orden ejecutiva es una simple medida precautoria, y no un pronóstico de que estemos a las puertas de ser azotados por las fuerzas destructivas del Sol.

Es más, a corto plazo los expertos indican que no se observa ninguna señal de peligro que provenga desde nuestro astro rey, pues ahora mismo estamos dentro del período en el que el Sol llega a su mínima actividad.

El fenómeno de la tormenta solar, se conoce como una afectación completa del campo magnético de la Tierra, debido a las modificaciones que se dan en la magnetósfera por la actividad solar, con relación a los iones y electrones, los cuales son extraídos desde el Sol después de la tormenta eruptiva. Por su parte, esta extensión solar cambiada, se da por la abundante eyección de masa coronal (CME), formada a partir de un trozo de la atmósfera del Sol, en combinación con partículas solares, que conforman las llamaradas en la tormenta.

Por lo general, las tormentas solares son eventos que se dan de forma regular cíclica, afectando infraestructuras de las zonas cercanas, principalmente en objetos de alta tecnología como satélites, GPS, aviación, distribución eléctrica y los distintos sistemas de comunicación. Obama aseguró que: “estas tormentas, tienen el potencial de afectar o de forma leve interrumpir la seguridad de continentes enteros”.

Además, los destellos solares se presentan en el evento como una erupción de moderada intensidad, justo desde la superficie del Sol. Es considerado un episodio frecuente con mínimas consecuencias de importancia, aunque algunas veces puede llegar a ser tan fuerte que podría dejar sin electricidad a medio mundo, como pasó en 1859 en el denominado evento Carrington, de ahí la preocupación de las autoridades norteamericanas.

Este hipotético gran fenómeno, que se estima que vuelva a afectar gravemente a nuestro planeta en un futuro no muy lejano, sería aún más intenso que la última gran tormenta solar que ocurrió en el año 2005 y 2012, y en este último tuvimos suerte, pues nuestro planeta logró esquivar una potente nube de plasma proveniente desde el Sol, ya que en aquella ocasión el "balazo solar" atravesó la zona en la que se había encontrado la Tierra 12 días atrás.

Sin duda, la ocurrencia de un evento de estas características en el presente causaría terribles problemas en los sistemas de comunicación, considerando la gran sensibilidad y dependencia por la tecnología con la que cuenta ahora nuestra sociedad. Por ello se ha modificado la ruta de muchos de los vuelos que tienen su vía en el polo norte, así como también los pilotos han optado por disminuir el número de pies de altura, alejando cualquier posibilidad de recibir efectos de las tormentas solares que se producirán en algunos años cuando el Sol vuelva a su fase de mayor actividad.

Un estudio realizado por el mercado de seguros londinense Lloyd, estimó que el costo global en la recuperación por una potente tormenta solar oscilaría entre los 600.000 millones y 2,6 billones de dólares. Bajo este pronóstico, el presidente Obama puso en alerta a las diferentes agencias federales pertinentes, de forma que puedan detectar con prontitud, la presencia de este fenómeno meteorológico interestelar y con ello, lograr proteger cualquier infraestructura, así como también tener daños mínimos a diferencia de vivir un evento totalmente desprevenido.