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Probablemete más de uno ya se habrá encontrado con el término de ''matcha'' o ''té verde japonés'', ya sea en las cartas de algunas cafeterías o restaurantes japoneses.

¿De qué se trata?

El té matcha es un tipo de té verde japonés molido, de allí su textura que recuerda a la harina. Se emplean en su producción hojas de Camellia Sinensis, cuyas plantas son recubiertas con lonas o telas negras cuatro semanas antes de su recolección, con la finalidad de aumentar la producción de clorofila y aminoácidos de las plantas. Gracias a este proceso de recubrimiento se obtienen dos de las características que conforman los pilares de este té: su color verde intenso debido a la gran cantidad de clorofila y su sabor tan especial con algunos toques dulces debido a los aminoácidos.

Tras el recubrimiento de las hojas, sólo las más frescas serán seleccionadas para ser hervidas al vapor, secadas y el último paso, molidas con piedras en polvo fino. No se trata de un proceso barato y es por eso que su precio es tan elevado, aunque hay que decir que es en parte gracias a todo este cuidado que este té pueda contar con tantos beneficios para la salud aún consumiéndose en pequeñas cantidades.

El té matcha contiene gran cantidad de antioxidantes, entre los cuales se encuentra el EGCG, beneficiando a la salud cardiovascular y al metabolismo, aminoácidos, vitaminas y minerales, es muy rico en flavonoides y L-teanina, la cual ayuda a aumentar la memoria y la concentración, pero en exceso puede dificultar el sueño y producir insomnio.

Preparación del té matcha

Tradicionalmente, el té matcha a sido empleado en la ceremonia del té japonesa, siguiendo pasos de manera estricta a fin de preservar sus beneficios, aunque a continuación explicaré cómo es posible prepáralo en casa.

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Debido a su intensidad es recomendable usar pocos gramos, lo ideal son tres gramos por cada 80 ml de agua, que habrá de calentar hasta que alcance los 75-80ºC, sin que llegue a hervir. Se mezclará una pequeña cantidad de agua con el polvo matcha en un cuenco pequeño o bol previamente calentado con un poco de agua caliente, y lo disolvemos con la ayuda del chasen (una cucharilla de bambú), removiendo el todo con energéticos movimientos en forma de W. Una vez disuelto, se le agrega el resto del agua y se mezcla hasta conseguir una textura espumosa.

Si se quiere disfrutar de las propiedades de este té es recomendado tomarlo de manera natural, sin mezclarlo con leche u otras bebidas, pero hoy en día son cada vez más apreciadas y difundidas sus versiones dulces, tanto empleado en repostería como en bebidas donde es mezclado con leche. ¡Ya no nos hace falta ir hasta Japón para deleitarnos con su único sabor!