Sin un Joao Félix que todavía no ha mostrado una buena versión, para Álvaro Morata el derbi de este sábado era un escenario ideal para la reivindicación. El Atlético de Madrid también necesitaba una reivindicación urgente y qué mejor que ante el Real Madrid.

Eliminados de la Copa por la Cultural Leonesa, de 2a B, y cada vez más lejos de Barça y Madrid en la tabla, los de Simeone necesitaban mostrar una buena cara en el Bernabéu para respirar un poquito. Y así lo entendió Morata, que salió más enchufado que nunca.

Peleó, corrió (y bastante rápido, por cierto), presionó, y lo intentó todo más que nadie en el primer tiempo.

El exjugador del Madrid volvía a casa, donde no es demasiado querido por su cambio de camiseta. Sin embargo, daba la sensación que las sonoras pitadas que se llevaba cada vez que tocaba el balón no hacían más que motivarle y encender el fuego de sus ojos. Incluso en sus múltiples protestas al árbitro en varias ocasiones, el delantero dejaba claro que estaba metido de lleno en lo que ocurría en el césped.

Incluso dejándose caer a la banda y tirando de velocidad (no sería una de sus principales virtudes) estuvo fino Morata.

Morata: otro derbi de reivindicación a medias

Estaba jugando bien Álvaro Morata, pero una vez más, la fortuna no se puso de su lado. Una larga lista de goles anulados por dos milímetros, tiros al poste y hechos casi paranormales (véase la entrada de Valverde por detrás cuando se dirigía a marcar el gol de la victoria en la final de la Supercopa de España) se le puede añadir este partido.

A veces da la sensación que no le cae nunca la ocasión que por esfuerzo y juego, merece. Pero hay que saber aparecer cuando toca. Morata generaba y peleaba, pero las ocasiones las tenían otros compañeros, como Correa. Y entonces llegó el momento cumbre: el penalti no pitado a Casemiro por una entrada al mismo delantero. Parecía evidente para todos los seres humanos que disponen de un par de ojos en la cara, pero el VAR dijo que no.

La culminación del desastre de Morata

Y tras el descanso, la puntilla final. Aparentemente lesionado, Simeone cambió al delantero español. Hubieron dudas porque el cambio venía justo después de la entrada de Vinicius y Lucas Vázquez en el otro lado, pero parece ser una lesión.

De este modo, cambiaron todos los planes del Atlético por la sustitución de Morata. Además, el conjunto colchonero evidenció sus carencias de plantilla en esa posición. Diego Costa ni está ni se le espera, Joao Félix no es delantero centro y tampoco está disponible. Y con la lesión de Morata, tuvo que entrar Lemar y reubicar a Correa a la posición de '9'.

Y sin Morata, ¿qué?

Incluso para lesionarse no estuvo afortunado Morata. Quién sabe si, ocurriendo esto una semana antes, el Atleti hubiera ido a por otro delantero (o hecho un esfuerzo mayor por Cavani). Pero no, Álvaro se lesionó el 1 de febrero. Ese es su estilo.

En su mejor momento y en el peor para su equipo. Y después llegó el hundimiento visitante en el partido, cómo no. "El Pupas" volvió más fuerte que nunca y Morata, en eso es más colchonero que el mismo escudo. Y por escudo, entiendan el que quieran, el que les parezca más auténtico.

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