¿Qué ocurre cuando un deportista se lesiona? ¿Qué es lo que, verdaderamente sucede, cuando un trabajador del deporte pasa por una traba física que le impide realizar correctamente su actividad?

Desde los 'deportes de barro' hasta la élite más profesional, a esta pregunta se le puede asignar la misma respuesta: "te vendas y sigues jugando". En este caso, ningún deportista acuña dicha afirmación, aunque bien podría ser el primer pensamiento que a cualquier tenista, judoka, jugador de rugby, gimnasta o futbolista se le ocurriría.

El deporte, sea de la disciplina que sea, posee grandes cantidades de irracionalidad.

No me juzguen por ello, me refiero a que la pasión que sienten cuando practican su modalidad, supera e incluso borra, toda capacidad racional -en una primera instancia-.

"El deporte, sea de la disciplina que sea, posee grandes cantidades de irracionalidad"

Durante la práctica deportiva, entre otras hormonas, se segrega adrenalina y ya se sabe, el ser humano es adicto a dicha sustancia. Si a ello se le suma la secreción de endorfinas obtenemos una 'gaseosa de felicidad' capaz de hacer frente a cualquier adversidad. Es ahí donde entran en juego las lesiones.

La primera reacción es la de relativizar: "No pasa nada, me vendo y sigo jugando". ¿Cuántas veces no hemos escuchado esa frase a pie de los diferentes campos y canchas o incluso en el propio vestuario?

Lo cierto es que, después de ese primer shock al que el deportista se enfrenta, ese pensamiento se mantiene latente. No quieren abandonar el terreno de juego.

Sara Llana fue la última en dar cuenta de ello. La gimnasta leonesa disputó los Mundiales de Pesaro (Italia) con una fractura en el metatarso y con una grave infección de la que no pienso dar cuenta de manera gráfica.

Es la élite y no nos resulta extraño, puesto que es su pan de cada día. Pero en los 'deportes de barro' también ocurre lo mismo. Hace cuestión de tres meses, una jugadora de rugby que finalmente militará con su club en categoría regional durante la presente temporada al no lograr el ascenso -ya sabrán a qué blanquinegro equipo me refiero- llegó a comentarme en el partido decisivo que, "si no tuviera la férula en la nariz, hoy habría jugado".

Para mi asombro (no muy grande puesto que yo también soy de ese grupo de deportistas irracionales) la jugadora con la nariz rota continuó y se justificó: "Ésto es algo muy importante para nosotras, no puedo dejar solo a mi equipo. Los médicos decidieron mantenerme la férula porque sabían que sin ella, habría mostrado mis dotes para competir".

"Estar muerto tras un entrenamiento nunca nos había hecho sentir tan vivos"

Esa conversación me hizo pensar acerca de lo que los deportistas sienten cuando compiten. ¿La pasión supera a la racionalidad, o directamente la borra del mapa? Ni la una, ni la otra. El deportista es consciente y con ello decide seguir. Podrán estar de acuerdo o en desacuerdo. Calificarles de kamikazes o de mártires, pero lo cierto es que ésto otorga al deporte un elemento mágico.

Como el paciente que es anestesiado ante una operación, los deportistas se evaden de la realidad mediante su anestesia personal: la pasión que sienten por la competición.

No sé ustedes, pero yo he visto ganar medallas, Mundiales, partidos decisivos, peleas por la final y numerosos encuentros regionales que tan sólo sirven para agrandar la gloria de un club modesto, de un club de barrio, en estas condiciones. Una conocida me comentó una vez que el deporte era mágico. No. El deporte es vida. Porque "estar muerto -al acabar un entrenamiento- nunca nos había hecho sentiros tan vivos".