Superhéroes, personajes animados y rostros conocidos resucitados del olvido. Las películas más taquilleras de esta última década han resultado ser un compendio de blockbusters y episodios de sagas infinitamente laureadas, demostrando que las preferencias del público están perfectamente definidas. Lo que nos gusta no son cintas sesudas e independientes, sino secuelas de películas celebérrimas que no nos hagan pensar demasiado.

Analizando la lista de los títulos más exitosos de esta última década, no es de extrañar que las grandes productoras cinematográficas apuesten por lo seguro y decidan contribuir a esta industria con sus personales contribuciones a la perpetuación de las franquicias más palomiteras que ha parido el Cine. Analicemos estos títulos de forma independiente.

La animación se hace un hueco en las taquillas

Avatar (2009)

Pocos fueron los que escaparon a la tentación de ver este título, inusitadamente promocionado en su momento, en una sala de cine.

Su éxito no estaba predestinado únicamente por el nombre de su director, James Cameron, de cuyo Titanic el público no se había olvidado tras más de una década. En esta ocasión, el creador, además, prometía ofrecer al espectador una experiencia inaudita en el cine gracias a las imágenes creadas con su innovadora tecnología 3D. El resultado final fue, sin embargo, decepcionante; aunque técnicamente resultó un logro audiovisual que sentaría las bases de esta tecnología en posteriores películas, su ingenua y sencillísima trama ha reducido este título a mera anécdota cinematográfica, quedando justamente relegada del olimpo de los clásicos.

Toy Story 3 (2010)

Primer ejemplo de franquicia exitosa que se cuela en este ránking. Más de diez años después de su predecesora, Pixar, que ya comenzaba a acostumbrase a regalar al público una joya de la animación con cierta periodicidad, rescató esta celebrada saga de animación con su tercer episodio. Esta película demostró que animación y madurez no tienen por qué estar reñidas. Toy Story consiguió emocionarnos con su canto a nuestras infancias ya casi olvidadas.

Harry Potter y las Reliquias de la Muerte (2011)

El éxito que consumó el último y esperadísimo episodio cinematográfico de la saga del niño mago más famoso del mundo no tenía nada de mágico. Tras cosechar un acervo de incontables seguidores durante más de una década, la historia de Harry Potter, aunque ya explicada en su versión literaria original, merecía una despedida tan honorable como esta. La película fue tan fiel al texto original que hasta cometió el error de mantener el decepcionante desenlace de la misma, haciendo que sus fanáticos salieran con un sabor agridulce de las salas.

Los Vengadores (2012), Capitán América: Civil War (2016) y Los Vengadores: Infinity War (2018)

Con estos títulos, claros ganadores del pódium cinematográfico en sus respectivos años de estreno, la compañía Marvel se decantó claramente como el titán de las adaptaciones de historias de superhéroes a la gran pantalla, venciendo de forma casi definitiva a su mayor competidora, DC. Con ellas se asentó el intrincado y riquísimo mundo y relaciones de los protagonistas de esta franquicia, acuñando el término “universo Marvel” como sinónimo de calidad de las películas de este cariz.

Esta compañía consiguió que las historias de superhéroes, anteriormente consideradas aptas solo para geeks, pasaran a formar parte del mercado más mainstream y comercial. Muchos corazones no se han recuperado todavía de la congoja provocada por el alucinante final de la última.

Frozen (2013)

Era de esperar que Disney, uno de los gigantes de la animación, volviera a hacer acto de presencia en la cúspide de películas más taquilleras.

Frozen, o el azote para progenitores de medio mundo durante el 2013 (pocos habrán olvidado la pegadiza letanía de Let it Go cantada a pleno pulmón por los escolares más jóvenes), supuso, junto con su predecesora Brave, un soplo de aire fresco para las historias ya totalmente manidas que la empresa estaba empezando a abandonar, centrando su argumento en la relación de amistad y superación entre dos hermanas y relegando la manida historia de amor a un segundo plano. El merchandising que produjo la película seguramente dejó helados a más de un par de bolsillos durante las navidades de ese año.

Sagas laureadas consolidan su poder en la industria

Transformers: la Era de la Extinción (2014)

Que una película de Michael Bay sea la más taquillera de su año puede resultar insultante para el público medio; pero lo cierto es que las creaciones de este director, abanderado del cine más palomitero y sinónimo de una trama inocua aderezada con explosiones y demás parafernalia fx, suelen colarse en los podiums de películas más populares en su fecha de estreno. Transformers: la Era de la Extinción suponía una ruptura con los episodios anteriores de la saga al contar con un elenco totalmente nuevo tras las despedidas de Shia Labeouf y Megan Fox (esta última habiendo abandonado la saga con gran polémica tras sus declaraciones sobre el director de la misma).

A pesar de los esfuerzos de los guionistas y el éxito en taquilla, la película es un título olvidable que cosechó crueles críticas tanto por parte del público como de los especialistas, no sin faltarles razón.

Star Wars VII: el Despertar de la Fuerza (2015) y Star Wars: Episodio VIII - Los últimos Jedi (2017)

El regreso de la saga de aventuras y ciencia ficción más laureada de todos los tiempos no podía vaticinar otra cosa que no fuera el éxito en taquilla de sus nuevos episodios. Las nuevas películas, aun bebiendo de la evidente nostalgia de la que claramente se aprovecharía para conseguir popularidad desde su estreno, actualizaban tanto efectos especiales como temas, presentando a nuevos personajes (entre ellos, una protagonista femenina) y regalando a sus fanáticos más nostálgicos los cameos de los personajes más emblemáticos de la saga.

A pesar del evidente cariño con el que se realizaron y el amor con el que fueron recibidas, el espectador se pregunta si realmente son buenas películas o simplemente el poso de nostalgia hace que nuestro juicio hacia ellas sea más dulce. Sin embargo, la peor de las cuestiones que levantó fue otra: ¿son tan buenos los episodios originales o el paso del tiempo y nuestros recuerdos de la infancia las han ensalzado en nuestra memoria como las obras maestras que quizá no son? La respuesta no está clara y carece de importancia cuando uno es consciente del titánico fandom que la franquicia ha cosechado y que sigue manteniendo casi cuarenta años después de su nacimiento.

Tras este breve repaso por las películas más populares de la última década, uno no puede evitar preguntarse qué nos deparará el séptimo arte durante los años venideros. Una cosa está clara; los títulos independientes seguirán quedando relegados en pos de franquicias exitosas de fantasía y ciencia ficción. Claramente, un recordatorio de lo que el cine es en verdad: una fábrica de ilusiones que nos proporcionan una satisfactoria y rápida evasión de la realidad. Seguramente dejaremos que su magia nos siga regalando efímeras ilusiones sin rechistar.

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