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Justo en el límite de la comarca de la Cerdanya, en la provincia de Lérida, un escultor, Climent Olm, construyó un auténtico museo al aire libre, en medio de la naturaleza, con 600 figuras esculpidas en el granito que abunda en esa zona, una obra que por desgracia el artista se vio obligado a abandonar a pesar de que la misma fue declarada como bien cultural por los consejos comarcales tanto de la Cerdanya como el Alto Urgell, debido a la presión de uno de los vecinos del lugar.

A 1300 metros de altitud, sin puertas, ni vigilancia las figuras creadas por Olm siguen recibiendo las visitas de cientos de personas al mes, a excepción de la época invernal, se llega a la misma a través de un camino rural, a la sombra de los robles que bordean el mismo, desde el poblado de Musser que es donde se deja el coche para luego hacer unos 15 minutos a pie.

El paisaje que rodea la obra escultórica es realmente exuberante, pinos robles, plantas aromáticas, enebros, en un entorno que invita a la relajación, a la reflexión, a los pocos metros de entrar al laberinto una gran roca con el nombre del parque-museo da la bienvenida a los visitantes y a medida que avanzan las figuras aparecen por doquier, el secreto para disfrutar del museo es caminar en zigzag.

Durante más de un cuarto de siglo el artista que dio vida a las esculturas que llenan el espacio de la montaña quien durante ese tiempo vivió en el lugar, en una cabaña de madera que él mismo construyó. Durante un lapso de tiempo relativamente corto el lugar fue visitado con citas concertadas con antelación, con visitas guiadas por el propio artista.

Recorrer el parque creado por el artista es en sí una verdadera aventura, las figuras surgen por doquier, en todos los tamaños, la mayoría son caras, algunas con nombres o inscripciones sobre las mismas, otras que miran hacia todas partes al mismo tiempo o algunas con doble e incluso triple tallado con diferente significado, con cristales incrustados en el mismo granito, a cada paso es un emocionante descubrimiento.

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Aquellos que visiten el laberinto mágico conocido como Rocaviva posiblemente pasen en lugar horas enteras, por lo que se recomienda llevar agua y por qué no, algún bocadillo, ni hablar de no llevar una cámara de fotos, pues lo que van a contemplar los hará incluso querer regresar al menos una vez más.

Todo el que llega allí sale maravillado, tanto, que imposible que no recomiende el lugar a conocidos y amigos, si bien en el pueblo cercano al parque se podrán encontrar con apoyos y detractores de la obra, el pequeño pueblo de Musser está dividido en quienes dan indicaciones para llegar al sitio y otros que se limitan a decir que sigan por el camino siempre por la derecha. Y es sólo a pocos metros antes de llegar a un cruce de caminos que sin señalización que así lo indique, se llega al parque, luego los senderos que los mismos visitantes han ido creando lo guían hacia un laberinto mágico, único, maravilloso y que los conduce a querer ir a por más y más.

A Musser se llega luego de dejar la población de Martinet atrás y coger la carretera que lleva a la población de Lles, a unos 3 kilómetros verán un desvío hacia Musser, ni bien llegan al pueblo existe un aparcamiento, no duden en dejar allí su coche para hacer un cuarto de hora a pie y llegar a Rocaviva.

Es tal el encanto del lugar que aun recorriendo el mismo por completo y a pesar de haber 600 esculturas, le parecerá poco. #Cataluña #Fotografia #Cultura