Cuando viajamos no siempre buscamos lo mismo, a veces simplemente necesitamos ir a un Resort , otras veces preferimos recorrer hermosas y cosmopolitas ciudades que nos asombran, y otras preferimos ir a una casa rural y desayunar viendo prados y vacas. Pero a veces necesitamos un Turismo distinto, el turismo de la vida lenta, ir a pueblos y lugares que nos transporten, que huelan a vida, que nos relajen y se queden grabados en nuestros corazones.

Hoy os muestro 5 lugares únicos del norte de España donde merece la pena perderse.

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- Playa de Rodiles en Asturias.

La playa es inmensa y la ría de Villaviciosa, hace del lugar un auténtico paraíso. Ir por la mañana a bañarse en esas aguas frías y revitalizadoras, comer en el pinar con la familia, o comer en Misiego, zona que bordea la ría, contemplando la marea no tiene precio.

Son comidas de las de antes, con manteles de cuadros, neveras de playa que son todas iguales y un termo para el café.

Por la tarde volvemos a bañarnos, paseamos por el malecón, compramos un helado o nos subimos en la barca que nos lleva hasta la otra orilla, El Puntal. Y luego cenamos viendo como el sol se oculta en el mar, porque si hay un atardecer bonito es el que nos regala Rodiles.

-Astorga en León.

Abandonamos mi provincia y visitamos a los vecinos. Cambiamos el mar por las espigas. Astorga habla de historia, son sus calles en realidad las que hablan, tienen vida propia, y caminando por la ciudad podemos encontrarnos con peregrinos en su paso por El camino de Santiago, asombrarnos con La Muralla Romana, o El Palacio de Gaudí, y podemos ver el atardecer contemplando los muñecos autómatas con sus trajes maragatos en la Plaza del Ayuntamiento. Y eso sí, comiendo chocolate que el de allí es de lo mejor.

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-Cabo San Vicente, O Grove en Pontevedra.

Y de nuevo volvemos al mar. De Rías Baixas me gusta todo, no hay un lugar que no tenga encanto, pero si necesitamos desconexión, perder la mirada y no saber dónde ha ido a parar o sentir el agua fría aquí lo tenemos todo. Las inmensas rocas invitan a perderse, y el pedrero es ideal para pasar la tarde viendo peces y estrellas de mar.

La puesta de sol está cargada de destellos, es increíble observar en silencio cuando el sol se va a dormir y se mece en el horizonte.

-Bilbao, Euskadi.

Ahora nos vamos a una ciudad señorial, una de esas pequeñas ciudades del norte que lo tiene todo, calles abigarradas llenas de encanto, metro enmarcado por los interesantes Fosterritos y que la hacen única, una ría que da vida a la ciudad y un tren que asemeja a los tranvías de antes. 

Y para ver un atardecer inolvidable, nada mejor que el Puente Colgante, es indescriptible.

-Teverga, Asturias.

Volvemos a mi tierra, rodeados de verdor y de leyendas, pero si hay un lugar donde merece la pena perderse es Teverga.

En realidad es un lugar muy pequeño, pero la Colegiata de San Pedro con sus momias es increíble, y las momias son únicas porque ambas alcanzaron el estado de momificación de forma natural aunque hay muchas leyendas sobre esto, ya que ambos, padre e hijo, fueron extremadamente crueles, uno ejerciendo, entre otras fechorías, el derecho de pernada con las futuras esposas de la zona, y su hijo, un abad inquisidor y se cree que están malditas.

EL pueblecito que alberga la colegiata(el tempo románico más antiguo de la región) se llama La Plaza, pero hay más lugares; el Parque de la Prehistoria, un lugar que merece la pena, o la famosa Senda del Oso. Y si queremos ver un atardecer maravilloso solo tenemos que caminar un poquito y adentrarnos en La Senda del Oso, o en cualquier zona de monte y contemplar maravillados como el sol se esconde tras las montañas.