Cuando acabas de tener un bebé te preguntas cuándo es el momento idóneo para comenzar a viajar. Es importante que la primera experiencia sea muy positiva para que te dé seguridad. Con un bebé todo se magnifica, ya no vale con una mochila al hombro y tirar kilómetros, necesitas un poco de rodaje. Pero verás que, lo que ahora te parece un mundo, con dos escapadas, se volverá rutina.

Seguramente, los únicos viajes que habrás realizado hasta hora habrán sido al Registro Civil (una experiencia digna de contar en otro artículo) o a casa de algún familiar. Para la primera salida en serio de Joeliver, un bebé de apenas mes y medio, en la que no haríamos noche en casa, había que decidir destino y duración del viaje.

Optamos porque fueran pocos días (3), para probar; que el destino estuviera cerca de nuestro domicilio (200/250 km), para observar cómo reacciona a recorridos largos en coche sin que llegue a resultar pesado; que el lugar tuviera todo tipo de servicios, por si ocurriera alguna incidencia; y por supuesto, que nos resultara atractivo turísticamente. Queríamos probarnos cómo nos desenvolvíamos en la nueva situación para coger confianza e ir progresivamente aumentando los días y la distancia. Nuestra elección: Salamanca.

Preparar la maleta, una prueba digna de Hércules.

Estás preparando la maleta, sacando la ropa y las cosas que te vas a llevar, cuando te das cuentas de la montaña de bultos que has ido apilando sobre la cama. Es normal. La primera maleta será enorme, no quieres olvidarte nada.

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Pero bastará con llevar dos mudas por día acorde con la estación, ropa de abrigo para la noche y el conjunto de por si acaso, que meterás a última hora.

En cuanto a la alimentación, dependerá de la edad y tipo de lactancia. No es lo mismo un bebé de cuatro meses que amamanta, que uno de siete, que ya ha comenzado con la alimentación complementaria. Para facilitar el traslado, no cargar con abultados paquetes y evitar la manipulación del producto en una habitación de hotel (más incómoda y menos acondicionada), prepara porciones individuales en bolsas alimentarias, tanto de los cereales como de la leche de fórmula, según las medidas y tomas a las que esté acostumbrado tu bebé. Te permitirá tener todo organizado y cargar sólo con el peso justo en cada salida. Si ya está con alimentación sólida, pregunta en el hotel si la habitación tiene nevera para transportar congelados los purés caseros (si son comerciales no hace falta) en una bolsa térmica y conservarlos allí.

Tampoco hace falta que lleves todo el paquete de pañales, abulta demasiado.

A estas alturas, ya sabrás las necesidades de tu bebé por lo que calcula, como generalidad (en todos los aspectos, comida, ropa, etc.), un día más de viaje. Y no te olvides la cartilla del bebé donde viene todo su historial médico. Ya estamos preparados.

Una vez en el lugar, sobre todo, disfruta

Ya hemos llegado. No os preocupéis si se os hace rara esta primera experiencia. Nosotros, por ejemplo, acostumbrados a ir de un lado a otro, viendo multitud de cosas en un sólo día, nos pareció que íbamos muy lento. Todo era más pausado, los ritmos los marcaba Joeliver, sus horarios en las tomas o el cansancio, pero disfrutando al máximo de poder compartir nuestra pasión con nuestro bebé. Pero os aseguro que luego coges ritmo, y ¡qué ritmo!

Después de tantos preparativos, de pensar y organizar, sólo nos resta disfrutar. Por eso, esperamos que nos acompañes por Salamanca, en la próxima aventura de Los Viajes de Joeliver. #Niños #Enoturismo #Infancia