Aislada, salvaje, de formas caprichosas y bellísima, así es Atacama, una región en el norte de Chile en la que apenas saben lo que es la lluvia. El anticiclón del Pacífico mantiene esta zona singular, situada entre la Cordillera de los Andes y las fronteras con Perú y Bolivia, en la más radical de las sequías. Un escenario sobrecogedor y mágico que esconde pueblos milenarios y una gran riqueza minera. Está salpicada de volcanes, como el Parinacota o el Licancábur, a cuyos pies se acumula el azufre. Su centro turístico es San Pedro de Atacama, un pequeño pueblo rodeado de volcanes, desde donde puedes partir a Tatío y el Salar de Atacama. Otra posibilidad es acercarse al valle de la Luna, otra de las joyas del desierto norteño.

Santiago de Chile, la capital, suele ser para los turistas una parada obligada antes de emprender camino, ya sea hacia el norte, hacia Atacama o a la Patagonia meridional. No es una ciudad monumental, pero sí una pausa agradable para disfrutar de la buena vida (hay montones de restaurantes), para degustar los excelentes vinos chilenos, para hacer algunas compras y, sobre todo, para sentirte por un momento como en casa. Una ciudad muy a la europea, de la que destacan sus plazas, como la de Armas, la Catedral, el Palacio de la Real Audiencia o la Casa Colorada. A unos 120 kms tienes Valparaíso y Viña del Mar.

El sur de Chile es un territorio salvaje y vírgen. Su orografía está llena de islas, fiordos, lagos, volcanes y superficies cubiertas de hielo, un mundo sorprendente que resulta bellísimo.

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La Patagonia chilena tiene su puerto de entrada en Puerto Montt y más al sur se encuentra el Parque Nacional Torres del Paine, una maravilla de la naturaleza donde podrás hacer todo tipo de excursiones. Llegarás aquí desde Puerto Natales, situado a 250 kms al noroeste de Punta Arenas y único lugar de acceso al glaciar Balmacena y las Cuevas del Milodón, con espectaculares pilares de granito y una fauna donde destacan el guanaco y el ciervo chileno.

Desde Puerto Montt a Puerto Natales, la costa chilena se recorta en infinidad de fiordos, islas y canales. Probablemente no haya otra cosa tan intrincada y asilada en todo el mundo, con la barrera de los Andes muy próxima a las latitudes antárticas. La mejor y casi única forma para explorar esta región es navegando a través de transbordadores o cruceros.

Unas 25 millas al norte de Punta Arenas, en pleno Estrecho de Magallanes, se sitúa la Isla de Magdalena, un reducto natural de pingüinos magallánicos, cormoranes y otras aves, que conviven pacíficamente con lobos marinos. #Calidad de vida