Entre los siglos IX y XII, la presencia en la vida social de la orden benedictina del Císter iba a resultar decisiva. Aquella nueva reforma de los benedictinos, impulsada por San Bernardo, pretendía una vuelta a la austeridad y pobreza de los monjes, que se aislaban en monasterios autosuficientes donde guardar a la perfección la regla de San Benito "ora et labora". Los monasterios se convirtieron en ciudades diminutas y los campos eran colonizados a través de granjas dependientes de ellos. 

En el terreno artístico, este momento coincide con el paso del románico al gótico, por lo que ese estilo de transición suele denominarse #Arte cisterciense: arte austero en los detalles pero rico en volúmenes y en juegos con la luz.

En #Cataluña, el primero de estos monasterios regidos por el Císter fue el de Santes Creus, establecido en 1150 junto al río Gaiá. Un año más tarde se fundaba Poblet cerca del río Francolí, y la rama femenina se instaló en Vallbona en 1175. Poblet ganaría importancia al ser elegido panteón real, y es que es impresionante, el recinto y su paisaje. Formado por tres recintos, destaca su Puerta Dorada, la Real, el claustro y la iglesia, de gran sobriedad y pureza. Pero Poblet tiene más que admirar, como es el caso de sus contornos, caso de Prades o L´Espluga de Francolí.

Montblanc es paso obligatorio, pues es una de las poblaciones catalanas más atractivas, mejor amuralladas y que mejor han conservado su aroma medieval. Destacan la solidez de sus murallas y puertas, su iglesia mayor, sus palacios, su museo, su hospital gótico de la Magdalena y su Pont Vell, tan viejo como la ciudad.

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Santes Creus ofrece la barroca Puerta Real, de acceso a la Plaza de San Bernardo, donde en uno de sus flancos se conserva el patio gótico del viejo hospital de pobres. También en Santes Creus la vida monacal giraba en torno al claustro gótico, al que se abren la sala capitular o el locutorio. La iglesia combina sobriedad y armonía y aloja los sepulcros reales de Pedro II, Jaime II y Blanca de Anjou.

Vallbona de les Monges es el típico pueblo crecido en torno al monasterio. Todavía la torre y el cimborrio monacales son el símbolo de un caserío apiñado en un breve montículo, apuntalado por bancales de fruta. Desde que la rama femenina del císter se instalara en el año 1175, las monjas no han dejado de vivir allí. Relevante fue su biblioteca y scriptorium, así como su farmacia, su claustro, su cimborrio octogonal y el sepulcro de doña Violante de Hungría, Reina de Aragón en el siglo XIII. #Calidad de vida