Todos sabemos que existen lugares que son, sin duda alguna, un referente para aquello que realmente nos gusta. Por ejemplo, a todo aquel que le guste grabar psicofonias (las voces de los muertos) sabe perfectamente que la meca para dicha actividad, siempre se ha dicho que es Belchite, en Zaragoza. Para un escalador profesional, que mejor que una montaña como el Everest para enfrentarse a sus  vertiginosas rocas. Pues bien, dicho esto y aunque parezca mentira, todo aquel que quiera suicidarse, también tiene el sitio ideal donde llevar a cabo este cometido, un lugar tranquilo a la par que aterrador, donde nada ni nadie va a venir a intentar detenerlos, hoy, en esta columna, hablamos del bosque de Aokigahara, en Japón.

Con una superficie de más de 30 kilómetros, el bosque Aokigahara se ha convertido en el lugar preferido para que aquellos que desean acabar con su vida, lo hagan de una manera sin alarmar a la sociedad. Solos, de forma tranquila y sin que nadie lo intente impedir. Dicen que las abejas son atraídas por la miel, las moscas por las defecaciones, y el bosque Aokigahara, atrae a los suicidas. Una afirmación del todo cierta, si tenemos en cuenta que en el bosque, se suicidan anualmente unas cuantas decenas de personas, su record, fue en 2002, cuando fueron 78 las personas que acabaron con su vida acompañados por los arboles como únicos testigos de tal atroz y cobarde acción.

Una vez que alguien se suicida, repito, sin que nadie lo impida, rara es la vez que se quita el cadáver del lugar, (a no ser que la familia lo pida) a sí que imaginaros, la de cuerpos en descomposición, huesos e incluso recién fallecidos podemos encontrar si nos adentramos en su interior.

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A la entrada del bosque, tenemos un cartel que nos advierte con la siguiente frase: “Tu vida, es muy valiosa, piénsatelo bien antes de seguir, habla con los tuyos”.

No se conoce la razón exacta de porque se ha elegido este lugar para el suicidio, de hecho, no la hay; simplemente se trata de una casualidad. Hay algunos que aseguran que el bosque sabe cuándo una persona quiere acabar con su vida, y que de algún modo, los llama. Sea como sea una cosa tengo clara, y es que si visito Japón, (ojalá así sea algún día) el bosque de Aokigahara, será sin duda alguna un lugar ideal donde pasar una tarde entera con mi cámara fotográfica. ¿Quiere acompañarme querido lector/a?

Para acabar, os dejo con este interesante documental sobre el bosque de Aokigahara en dos partes

                     

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