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Una de las visitas obligadas cuando se viaja a Japón es Kioto, su antigua capital. De hecho, esto indica su nombre: capital. Sus casi mil años (794-1868) como sede de la Corte imperial han hecho de Kioto una ciudad repleta de importantes lugares y edificios. Especialmente a nivel religioso y/o espiritual, pues Kioto está rodeada por decenas de templos, todos ellos de gran belleza y armonía. Los monjes que antaño peregrinaban hasta Kinkaku-ji, el templo del Pabellón de Oro, o Kiyomizu-dera (Templo del agua pura), hoy se han convertido en miles de turistas que se amontonan en la calle Kiyomizu-Zaka comprando suvenires o helados de té verde. Una visita completa a Kioto llevará varios y tranquilos días.

Nosotros apenas pudimos quedarnos tres días, pero la guía de un amigo que vive allí nos ayudó mucho. Llegamos a Kioto desde Osaka, tras aterrizar en el aeropuerto internacional de Kansai. Al salir de la estación de tren nos recibe la gran torre de Kioto, que quien quiera puede subirse a ella y tener una vista panorámica de la ciudad. El metro nos dejó en el centro de la ciudad, su estilo europeo nos sorprendió bastante. Paseamos por el mercado Nishiki, lleno de puestos de comida fresca y restaurantes. Algunos abiertos de 1615. Comimos un delicioso tonkatsu, costilla de cerdo empanada y frita, plato típico de Japón inventado en el siglo XIX. A medida que nos adentramos en el mercado, la comida da paso a los recreativos y los grandes centros comerciales. Es muy popular el Takashimaya.

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Caminando por estrechas calles junto al río, donde los grandes edificios dan paso a casa más pequeñas, algunas de estilo tradicional japonés, nos encontramos con el Bar Tapa Tapa. Las imágenes de gatos de todas las formas y colores nos asaltan a cada momento. También las de mujeres, y algunas parejas, vestidas en kimono. Nuestro amigo nos comenta que se pueden alquilar por horas para hacer de nuestra experiencia algo más particular. Se puede distinguir quienes son turistas y quienes ciudadanos por la calidad de dicho vestido. Las máquinas expendedoras de café, marca Boss (jefe) se disponen a cada esquina. Tras disfrutar el ambiente callejero del centro, buscamos un restaurante para cenar por una estrecha calle junto al río.

Al día siguiente, antes de comenzar una visita más cultural por diferentes templos, nos pasamos frente al ayuntamiento, que nos recuerda a la arquitectura inglesa de piedra. El autobús nos deja en Ginkakuji, el templo del Pabellón de Plata. Nuestro amigo ha decidido traernos aquí porque hay menos turistas y el entorno es más agradable que el del Pabellón de Oro, ambos con la misma arquitectura.

Realmente nos encontramos con un lugar relajado, en el que subiendo una pequeña loma podemos ver la amplitud de la ciudad. También vemos el templo de Sanjusangendo. Por la tarde visitamos el barrio de Gion, el barrio de las geishas, y de ahí entramos al parque que da refugio al maravilloso santuario de Heian, bañado de un intenso y resplandeciente color rojo.

El último día, nuestro amigo nos lleva hasta la bulliciosa calle Kiyomizu-Zaka para poder contemplar el Kiyomizu-dera (Templo del agua pura) y la pagoda Sanjunnodo. En el barrio también encontramos la villa de Totoro, dedicada a los personajes creados por Hayao Miyazaki.

Nuestro viaje ha sido breve pero intenso. Kioto guarda muchísimos secretos y un deslumbrante recorrido por la evolución del país nipón a lo largo de su historia. Tendremos que volver a visitarla, y esperamos hacerlo con vosotros.