Salimos de pasar la noche en los montes de Ezcaray y viajamos por angostas carreteras serpenteantes flanqueadas por intimidantes masas arbóreas que apenas dejaban penetrar la luz del sol, creando claros oscuros intercalados entre los troncos de los arboles que terminaban por fatigar las pupilas con tanto cambio. Aún así, estos ejercían sobre mí una extraña atracción casi hipnótica, que lejos de ser incómoda resultaba ser excepcionalmente agradable.

Inmerso en mis pensamientos contemplé sereno y majestuoso, como consciente de su importancia, el monasterio de Yuso en un claro a la salida del bosque.

Recordé entonces las descripciones que hizo Gonzalo de Berceo en el siglo XI sobre el lugar, me cautivó pensar que entre esos muros se gestó el primer ejemplo escrito de la lengua romance que hoy conocemos como castellano, que a nivel nacional e internacional es más conocido como español.

Rodeado por un entorno natural sin par, se habría ante mí un núcleo de cultura y foco de entendimiento humano. No lo dude, me dejé deslumbrar por la sencilla grandeza que desprende la población de San Millán de la Cogolla, la población que abraza los muros de este significativo lugar de recogimiento, sosiego y meditación; Admiré ya desde la lejanía este legado histórico no tanto por lo que representa, era por su capacidad de ponerme la carne de gallina y los pelos de punta por la emoción que sentía.

En la puerta nos recibió un monje que por lo que nos explicó, ahora es su congregación, los Agustinos Recoletos, los que habitan el lugar. Luego más tarde nos explico que eso no fue siempre así.

Esta misma persona, que emanaba tanta paz interior que era difícil contagiarse, nos explico las reglas básicas para visitar un monasterio.

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Una de ellas es procurar no molestar, ya que es un sitio de recogimiento y meditación.

Seguidamente nos hizo seguirle hasta una sala, donde nos sentamos y allí nos trató de explicar el significado de la vida contemplativa, que para las personas de vida urbanita y moderna es difícil de entender. Así nos relató la vida que él y sus hermanos llevan. Fue donde comprendí que no iba a hacer ninguna fotografía y me centraría en disfrutar de la visita y de la experiencia ya que entendí que era un momento excepcional y de hecho así lo sentía. Por eso trato de ser lo más gráfico posible con la descripción en texto de esta experiencia en mi relato.

Fue entonces cuando, despuntaba el medio día y con gran suerte por estar en el sitio preciso a la hora indicada pudimos asistir al rezo del Ángelus por los hermanos de esta comunidad.

Al terminar, debo admitir, que ya estaba deseoso de ver la biblioteca para ver las legendarias Glosas Emilianenses , el primer manuscrito que es considerado el nacimiento de mi lengua…

Estimados lectores, queda mucho por contar.

Durante este relato hemos conocido el entorno, a los habitantes del monasterio y alguna de las joyas que hay en su interior. Pero queda mucho por contar y quiero transmitirlo con el mismo gran entusiasmo que yo experimenté para que podáis disfrutar de esta experiencia.

Escribiré una segunda parte donde además de describir la experiencia, me gustaría recomendaros otros lugares cercanos donde podréis pasarlo muy bien si decidís hacer un viaje por estas maravillosas tierras.