Durante la época de 1762, Mozart viajó a más de cuarenta ciudades europeas durante una gira de tres años y medio siendo nada más que un joven de nueve años. De viaje en viaje iba aumentando la calidad de sus creaciones, las representaciones eran de mayor duración y la experiencia se hacía ver en cada nota que el joven tocaba. Aquel 12 de enero de 1762 la vida de este compositor dio un vuelco. Mozart se encontraba en el momento y lugar perfectos para llegar a ser quién fue, y si no hubiera viajado alrededor de Europa quizá hubiéramos perdido una importantísima parte de la historia. Cómo pudo abarcar todas esas sensaciones, me pregunto. Y que afortunado, pienso, ya que eso debió darle el grado de locura a la rigidez de la vida.

Cuando viajamos salimos de la zona de confort a la que estamos acostumbrados, exploramos perspectivas, arquitecturas y personas diferentes. Si vamos más allá y ponemos atención en la historia de los diferentes lugares que nos rodean podemos ver por qué hay multiculturalidad de sociedades, con cual nos identificamos, con cual somos nosotros mismos.

Y es que cuando sales, te empapas de lo que la verdadera realidad es, y que hasta el momento en que tu mente hace "clic" te das cuenta que no has vivido nada, y pensabas que habías vivido todo. Cuando viajamos a otros lugares, nos damos cuenta que necesitamos aprender muchísimas cosas que desconocemos, y que hay otras que llevamos a cabo que no están tan mal. Encuentras diferentes personas cuando viajas, te das cuenta de que no importa el grado de comunicación al que has llegado, solo valoramos al final las sensaciones que podemos experimentar y lo gratificante que es simplemente el trato con una persona que no tiene que ver contigo, con tu familia, con tus amigos, o con tu ciudad.

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Es una conexión diferente.

Al viajar tenemos la sensación de que no hemos viajado. Sí, efectivamente, no has viajado. Puedes llegar sumamente cansado de viaje, la cámara llena de fotos, y de recuerdos que has ido cargando en tu mochila todo el viaje. Cuando llegas a casa y ves todo lo que has recolectado de esa experiencia te quedas en un estado de vacío. Y es que tienes la sensación de que no has viajado, porque aún sabes que queda demasiado por descubrir y que lo que has experimentado es simplemente una pequeña parte de todo lo que te rodea. Al fin y al cabo te conviertes en un esclavo de lo de afuera e incluso a veces te olvidas de lo que tienes al lado. Pero eso es viajar señores y señoras, volverte adicto a enriquecerte manteniendo en mente lo presente.

Como hacía Mozart en cada viaje, vivió intensamente, en cada ciudad que visitó y trabajó, en cada lugar en el que conoció lo diferente, tanto de la nobleza como de la muchedumbre, de las mujeres a las que adoró y de los hombres que tomó como hermanos. Al fin y al cabo, todos somos músicos trasladándonos de un lado a otro completando nuestra obra musical, la sinfonía de nuestra vida. Y quien viaja, lo sabe. #Unión Europea #Música #Arte