El ser humano tiene una singularidad: jugarse todo a una carta y al mismo tiempo tener miedo en invertir en algo de riesgo pequeño pero de resultados a largo plazo. Esto seguramente se debe al hecho que los humanaos aunque no lo parezca vivimos al día y el dinero lo queremos ahora. Sea como fuere la gente juega en bolsa (o compra Bitcoins en Internet) pero a largo plazo sólo invierte a tiro seguro.

Seguramente debería pensar en estas cosas el gobierno cuando hizo el reglamento de Renovables. Sabía que el inversor medio de este país, básicamente especuladores, no invertiría en renovables sino se hacía una ley que asegurará los ingresos y por tanto hubiera cero riesgo. Eran los años de la Burbuja Inmobiliaria y se había de convencer a una parte de estos que invertir en Renovables era más beneficioso que hacer casa. Pero la crisis, más la presión política de exministros i expresidentes españoles que comen la sopa boba en los consejos de administración de las Compañía Eléctricas, ha convertido el paraíso de las renovables en un infierno.

La electricidad es un mundo perverso. Aunque había diversas compañías hasta hace poco era un monopolio de facto. Pero la liberación se ha convertido más en un nuevo problema que no en la solución. El sistema de subastas obliga al operador global (REE) a estimar las necesidades diarias por franjas, pudiéndose equivocar, y subastar quien las cubre, pudiéndose obviamente equivocar también, pagando la parte que se equivocaba el error. ¿Equivocación? A parte de imponderables como las averías existía uno de carácter gubernamental que era la entrada de toda la energía renovable que se produciera a precio mínimo. Las renovables tienen un problema sin viento no van los molinos, si llueve no hay fotovoltaica; por tanto REE había de mirar el parte meteorológico antes de abrir la subasta, con la aleatoriedad que tiene ese parte, y que su falta o exceso se pagaba con compensaciones a los productores fósiles que este problema no lo tienen, esto encarecía el coste

La subvención para variar creo malos hábitos. De entrada esas inversiones las lideraba gente totalmente desconocedoras del negoció tanto eléctrico como de energía verde, poniéndose por ejemplo campos de molinos donde no sopla viento; y después que cada Megawatio requiere de inversión un millón de euros, habiendo muchos hecho créditos para cubrir esa inversión. Hoy hay bancos que después del descalabro inmobiliario empiezan a experimentar el descalabro de las renovables.

Pero de aquí sale una pregunta ¿Por qué las empresas eléctricas tradicionales no aprovecharon la situación de la subvención? Porque desde su punto de vista las renovables no son negocio. La única renovable que realmente usan es la hidroeléctrica de grandes embalses, y lo hacen porque su dubtibilidad y seguridad compensa la rigidez de las nucleares y la lentitud de las térmicas. Y esta es la clave del asunto: el consumo es quien manda; pero las renovables como la eólica o la fotoeléctrica es el medio quien manda. Otro inconveniente es la dimensión de la inversión en relación a la energía que se consigue. Sólo se ha de ver la extensión de los campos fotovoltaicos o de los molinos para darse cuenta de eso.

En definitiva el futuro son las renovables, pero esto requiere de un cambio en la manera de consumir la energía que ni nosotros consumidores domésticos, las Industrias y menos las Compañías Eléctricas, porque en definitiva el modelo es el que las está enriqueciendo, está dispuesto a asumir.