El 20 de abril de 1999, dos estudiantes del institutoColumbine High, en Estados Unidos, ingresabanarmados al colegio y asesinaban a 23 personas. Después de los asesinatos se quitaron la vida. Este hecho recorrió elmundo pero no fue ni el primero, ni el último.

En septiembre del 2004, un pueblo al sur de la provincia deBuenos Aires, Argentina, obtiene el triste privilegio de convertirse en el sitiodonde se comete la primera masacre escolar de América Latina. Rafael Solich de15 años dispara contra sus compañeros deaula y mata a 3 de ellos. Cuatro años antes, en la misma provincia, un muchachode 19 años, cansado de las burlas que sufría en clase, coge un arma de sumadre y dispara a profesores y alumnos.

El gobierno de Brasil estima que, en ese país, muerencerca de 5.000 jóvenes de forma violenta al año.

Las víctimas tienen una edad comprendida entre los 12 y los 18.

Estados Unidos es la región con peores cifras, 11 masacres producidas en 15 años dentro de instituciones educativas. En la mayoríade los casos los asesinos declaran sentirse discriminados o aisladospor el cuerpo docente y compañeros. Condenarlos, para la Justicia, es casi tanproblemático como entender lo sucedido. Las sentencias suelen argumentar que el victimario padece unapersonalidad esquizoide con episodios psicóticos en los que se manifiesta suira.

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