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Durante el pasado miércoles, en el centro financiero londinense, una periodista del Financial Times se infiltró entre las azafatas contratadas para la Cena de los Presidentes, la cual se celebra anualmente con el propósito de recaudar fondos para colaborar con buenas causas entre el establishment financiero, empresarial y político, definido por un maestro de ceremonias como "el evento más políticamente incorrecto del año".

Los invitados fueron 360 hombres, para los cuales se empleó a 130 azafatas, con las condiciones de ser "guapas, altas y delgadas", de llevar ropa interior negra y minifaldas que se les proporcionaron. Además tenían que firmar acuerdos de confidencialidad, tenían prohibido llevar cualquier tipo de teléfono móvil, y reiteradamente se las invitaba a bebidas alcohólicas.

Entre los premios de la subasta benéfica se incluía un vale por una cirugía estética para según ellos, mejorar a su esposa, así como una comida con Boris Johnson, ministro de exteriores y un té con el gobernador del Banco de Inglaterra.

La periodista que se hizo pasar por una de las azafatas declara que eran tocadas y acosadas constantemente por parte de algunos invitados. Recalca que uno de los ejecutivos enseñó el pene a una de las trabajadoras, y otro sugirió a una mujer que se "arrancara las bragas", bailara encima de la mesa y se terminara su copa de champán.

El escándalo de momento ha causado la dimisión de un cargo del Ministerio de Educación que aspiraba a convertirse en el copresidente de la organización y el cese de dicha organización benéfica encargada del evento desde hace más de 30 años.

Así como una petición social para que el Secretario de Estado de Infancia y Familia, que se encontraba entre los asistentes, dimita. El Gobierno ha comunicado una revisión de las cláusulas de confidencialidad y dos hospitales infantiles han rechazado el dinero que recibieron de la subasta.

La primera ministra de Reino Unido, Theresa May, ha declarado: "Pensaba que este tipo de actitud hacia la mujer era algo del pasado. Lamentablemente, lo que muestra ese evento es que sigue habiendo mucho por hacer. Continuaré trabajando, como he hecho durante todo mi tiempo en política, para que realmente podamos decir que las mujeres son respetadas, aceptadas y tratadas como iguales".

No estamos ante el primer escándalo sexista

Este es un escándalo más de la lista que señala al país. El primero sucedió en el corazón de Westminster, cuando, a finales del año pasado, una avalancha de subalternas denunciaron acoso sexual por parte de los diputados, lo que conllevó la dimisión de dos ministros y el compromiso de revisar los procedimientos de contratación de los asistentes de los legisladores.

El segundo se dio el 8 de enero en la BBC, cuando la delegada de la corporación pública en China dimitía tras comprobar que cobraba una cantidad inferior importante que dos compañeros hombres en cargos equiparables y denunció "una cultura salarial secreta e ilegal", que discrimina a las mujeres.