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El 2017 está empezando a llegar a su fin, pero no con él el machismo. Los últimos meses se han caracterizado por el desvelamiento de los casos Weinstein [VIDEO], Spacey, La Manada, etc. Que las mujeres hemos sido víctimas de agresión machista toda la vida no es ningún secreto, si acaso un secreto a voces que ha acompañado a nuestro género fielmente desde que nacemos hasta que morimos. Muchos se preguntan por qué es tan difícil denunciar un caso de acoso, y aunque la sociedad actual es más sensible a estas carencias, las instituciones siguen estando entramadas en un sistema que dificulta mucho que la víctima se sienta protegida en el proceso.

Por eso, nosotras hoy, no vamos a centrarnos en cuáles son estos obstáculos, sino en cómo todo esto se proyecta emocionalmente en la víctima, es más, cabe decir que se considera que el acoso se prolonga hasta las consecuencias psicológicas de la mujer.

1. Culpabilidad. De manual, casi todas nosotras sentimos culpables porque miramos con ojos jueces los actos que cometimos durante el acoso. Hay muchos grados, pero nos cuesta ser empáticas con nosotras mismas y entender que en el momento no éramos capaces de gestionar mejor la situación. Se suelen escuchar los "cómo he llegado hasta aquí". Te da miedo escuchar tus propias palabras y aunque una parte de nosotras mismas sabemos que la diferencia de poder que hay entre nosotras y los acosadores hace que este desnivel aflore con sentimientos como este, nuestra parte más irracional todavía siente que si hubiera parado los pies de su agresor antes, esto no hubiera ocurrido.

En estos casos lo mejor es recordarse que nosotras no tenemos que parar los pies a nadie, que cada uno es responsable de sus actos.

2. Desacompañada. Y no es una sorpresa. Nos sentimos expuestas y vulnerables constantemente. Incluso conociendo más personas que han pasado por lo mismo, sientes que le estás dando motivos al agresor para volverse un depredador de nuevo, el mismo que ya conociste y al que temes. Es difícil combatir ése sentimiento, pero en verdad las redes de acompañamiento no van solo de las hermanas y amigas que te apoyan y van contigo para que te sientas segura. Tomar perspectiva y saber que las actrices que están empezando a revelar información sobre weinstein implica que es un buen momento para empezar a rendir cuentas con él y contigo misma.

3. Orgullo. En cierto sentido sabes que estás haciendo lo correcto aunque dudes cada dos pasos que des. Las expertas en feminismo suelen recomendar en estos casos plantear tres preguntas muy sencillas para recordarte que lo que haces es legítimo: "¿había mediando una situación de poder?, ¿yo hubiese reaccionado igual? (darle la vuelta para comparar), ¿ha ejercido sobre mí abusando de su poder?".

Recuerda que gracias a todas las que se animan a tomar cartas en el asunto, animan a muchas otras a dejar de esconder sus casos.

4. Cuestionamiento. Todas conocemos la clásica pregunta que hacen a toda mujer violada "¿cerraste las piernas?¿qué ropa llevabas el día del suceso?¿habías ingerido alcohol?". Que no te engañen, la cultura de la violación es algo que nos educan desde que somos pequeñas y nos dicen "no andes sola" en vez de enseñar a sus hijos que un "no" es un "no". Sólo hay que ver las campañas anti-alcohol para menores que ha lanzado el Ministerio de salud del gobierno de España. Aún así, todas sentimos que nos piden explicaciones de porqué denunciamos, o porqué cuando fuimos agredidas reaccionamos como lo hicimos. Recuerda: no has hecho nada malo, porque quien está oprimida no puede hacer nada contra su opresor por mucho que quiera.

Estos cuatro guiones no son solo derivados del acoso, no, son agresiones per se. Pero las mujeres podemos ser las que cambiemos este manual de proyecciones emocionales, podemos transformarlo, dejar de ser las víctimas que quieren que seamos. Porque nos quieren débiles y nos quieren incapaces de reconstruir nuestras vidas. Es por eso que hay que recordar que nunca es un caso aislado, que a esto se le llama patriarcado y que nos tocará convivir con ello siempre, pero esto no debe ser un motivo de desesperanza, sino todo lo contrario.