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Estamos a 11 de noviembre y en muchas ciudades españolas superan los 25 grados. Normal, lo que se dice normal no es. Esos términos que periódicos, noticiarios y políticos tipo calentamiento global, emisiones de CO2, o cambio climático no todos los entendemos. Y mucho menos somos capaces de entender a qué podemos llegar si no cambiamos la forma de transportarnos, gestionar nuestros residuos y, más importante, tener políticas y hacer que se cumplan para que las grandes y más contaminantes empresas dejen de destruir el planeta a cambio de unos cuantos billetes negros.

Mientras a los ciudadanos de a pie nos recuerdan que no debemos usar bolsas de plástico, que tenemos que tener unos cuatro cubos de basura distintos y que debemos tardar en llegar al trabajo 30 minutos más por ir en transporte público.

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Pero seguimos con políticas, políticos y empresarios que negocian o compran a terceros (ya sean otros países o conglomerados) que contaminan por ellos. Es decir, que aquellos que tienen el poder y las maneras de agrandar el agujero de la capa de ozono, extinguir especies enteras o crear la lluvia ácida siguen haciendolo (amparados por sus propias leyes o por miradas hacia otro lado de los demás).

Mientras que eso pasa las televisiones y periódicos se han vuelto a llenar de imágenes de cómo estará nuestro planeta en menos de 100 años si no cambiamos nada. China, uno de los países más contaminantes, y también de los que más exporta a todo el mundo, será de los más perjudicados; ya que Shangái dejará de ser una ciudad más para ser un lago con rascacielos.

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Una de las principales muestras del calentamiento global, el cual hará que la temperatura suba entre 2 o 4 grados de media en este siglo, es la subida del nivel del mar, lo que llevará a la desaparición total o parcial de varias ciudades y pueblos. Según Proceedings of the National Academy of Sciences Washington o Bombay seguirían la suerte de la urbe china. En España no nos libraríamos de estas catástrofes, ya que los principales destinos vacacionales (Alicante o Torrevieja) quedarían también bajo el agua. Pensemos en ello y en como queremos ver nuestro futuro la próxima vez que cojamos el coche para ir solos a un destino o vayamos en pantalón corto en pleno mes de enero por casa,