Cada vez son más las iniciativas fallerasalternativas en la ciudad de Valencia que buscan recuperar la esencia de lafiesta con un espíritu crítico, participativo, horizontal y popular. Explican que el Franquismo instrumentó las fallas despojándolas de todo su carácter combativoy que la Junta Fallera controla las fiestas a través de sus corsés y protocolosrespaldados desde hace más de 20 años por el gobierno valenciano, lo que ha provocado  que el festejo se vuelva profundamente conservador. 

Coordinados sobre todo bajo el nombre JuntaSolar Fallera, colectivos y asociaciones de toda Valencia como El Terra, CaRevolta, Juanita Club, La Fusteria etc.

(fuertes sobre todo en el Ciutat Vella,El Cabanyal y Benimaclet), organizan unas fallas sin premios, ni fallerasmayores ni altos presupuestos. Algunos de ellos consiguen organizarse paraelaborar y diseñar una falla, como el caso de El Terra y el CSO L’Horta de Benimaclet, que después demás de un mes de trabajo y con 15 voluntarios han construido su ya conocidafalla alternativa con cartón y cola.

En las imágenes se observa cómo hay tanto decrítica como de propuesta. Un Micalet vigilantecoronado con la luna de Valencia mira embobado todo lo que sucede en la ciudad,impasible ante sus cambios, mientras la Alcaldesa destruye l’Horta y El Cabanyal y alimenta a las grandes torresempresariales de la ciudad: El Corte Inglés, Bankia y Mercadona.

Lemasfeministas y personas de todos los colores y sexos rodean las BarracasValencianas, la Albufera y las Torres de Serrano, como enviando un mensaje derotura con el regionalismo blaverista valenciano, que dice ser quien cuida elpatrimonio pero no orienta sus políticas en esa dirección. Las protestas por un entorno más sosteniblemovido por energías limpias y alimentado con productos locales, así como lacondena al machismo son uno de los ejes temáticos centrales, junto con lareivindicación de una escuela pública de calidad y en valenciano y del fin delfascismo en las instituciones y barrios.

Alternativascríticas que junto a movimientos como la Intifalla o la centenaria falla éticade Arrancapins devuelven un poco desátira y política a unos fiestas de derroche y conservadurismo religiosoclásico. 

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