La autobiografía del mutifacético Woody Allen ha recibido unas críticas durísimas dejando claro que el director es considerado una persona pervertida y peligrosa por sus desequilibrios. La crítica del prestigioso “Washington Post” considera que si una persona no tiene papel higiénico, las memorias del director pueden ser una buena solución ya que son de papel.

Según los críticos literarios leer las memorias escritas por Woody Allen, que lleva el título de “A propósito de nada”, puede provocar un verdadero coronavirus en el cerebro o algo peor.

Sin duda, es el mejor ejemplo de la peste bubónica intelectual que ha surgido en el siglo XXI.

El libro deja claro que el director es un acosador de mujeres, que las ve como objetos

Cuando el crítico literario de gran prestigio, Dwight Garner, anunció que iba a llevarlas a cabo, su mujer e hija le miraron con cara de sorpresa.

Para el crítico, el libro no es un veredicto sobre la cuestionada moralidad del director. Por ejemplo, la relación del propio Allen con la hija de su mujer, Mia Farrow, la jovencísima Soon-Yi Previn, que empezó cuando la chica solo tenía 21 años de edad, fue un ejemplo claro de la perversión por parte del director y como tiene las neuronas muy desequilibradas lo que le convierten en un peligro.

El director utiliza términos muy "sexistas" para hablar de las actrices con las que ha trabajado

Igualmente, el crítico ha entrado en las acusaciones -que acabaron siendo rechazadas tras dos investigaciones por parte de la policía de los Estados Unidos- sobre los presuntos abusos sexuales del directo a otra hija de Farrow cuando solo tenía siete años.

Y, para terminar, el libro escrito por el propio director está lleno de comentarios sexistas que el prestigioso director dedica a algunas mujeres que han pasado por su vida.

Pero, “El Washington Post” ha sido mucho más crítico con el libro y recomienda que se limpien con el libro si no se tiene papel.

Catherin Bennet considera que esta obra es “auto inculpatoria”. Allen aparece como un hombre con bastante mala leche, neurótico y muy egocéntrico, incapaz de mirar a una mujer guapa y joven sin desnudarla en su mente.

Y lo que mucha gente no se podría imaginar, es que el director es un viejo verde que trata a las mujeres con términos como “frutita exquisita”, “rubia cañón”, “aperitivo delicioso”. Y llegó a decir de Scarlett Johanson, con la que ha trabajado en varias ocasiones, que es radioactiva sexualmente. Y emparejarla con Penélope Cruz para elevar la valencia erótica de ambas al cubo.

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