Duras han sido las palabras que dedicó el periodista Carlos Herrera, durante su última emisión de la semana en COPE, al hablar sobre el "beso de reconciliación" entre Pablo Iglesias e Íñigo Errejón; dos rivales no declarados dentro de Podemos.

A pesar de ser consciente de que con ello se ganará, no solo la recriminación de muchos seguidores de ambos políticos, sino posiblemente la de algunos colectivos gay en España (y a saber si de otras partes del mundo), Herrera no se ha dejado intimidar.

No te pierdas las últimas noticias Sigue el canal Podemos

El locutor no está nada contento con esta "muestra de afecto", que más que parecer tal, se ve como un gesto sumamente forzado, para tapar la competencia que todos sabemos que existe entre Iglesias y Errejón, ¿y de paso por qué no? Atraer la atención de los medios de comunicación y puede que hasta del sector LGTB; todo ello con el respaldo del programa del Gran Wyoming El Intermedio.

La polémica pues, está servida.

El comunicador fue implacable al criticar el contacto entre ambos personajes:

"... saben que los de Iglesias están enfrentados con los de Errejón. Luego estos dos representan estas tontunas de besos en la boca, esta cerdada que se les ocurre hacer para llamar la tención...", habló, de manera airada.

Así mismo, tampoco se detuvo al momento de señalar que llegaría el día de analizar seriamente, todas las corrientes que están surgiendo en Podemos.

"... son unos viejunos comunistas, puro estilo rancio, no se pueden poner de acuerdo ni para pactar las reglas del juego en la asamblea que de febrero de 2017", criticó.

Continuando con la facción de Pablo Iglesias, a la que ha tildado de "coacción de matones"; no dudo en poner un ejemplo de como por debajo de la mesa, se hacía lo posible para impedir el arrastre de Errejón, incluso insinuando amenazas por parte de Monedero para impedir que recibiera más votos.

Vídeos destacados del día

"¿Qué haría Errejón en la cafetería del Congreso si no es diputado?", fue la pregunta con la que continúo su reflexión, recordando que ya cualquier congresista puede invitar a quien sea a entrar.