Es cierto que detrás de toda buena historia siempre hay algo de verdad, y ¡no! No es que quiera proponerte que en algún lugar del universo haya una raza de súper guerreros que cuyo cabello cambia de color o se vuelven monos de acuerdo con su cantidad de poder, sino que aun en la historia real y verídica existen elementos que son el trasfondo de las que nos hacen volar la imaginación.

Y bien, en este sentido, Dragon Ball no es la excepción, y si bien es una historia formada, escrita y animada por japoneses, los cierto es que desde el inicio de la leyenda misma la historia se relaciona directamente con China. Y por mucho más que el hecho de tener un dragón como tema original del nombre.

De hecho, si buscamos la fuente usada en toda esta historia, veremos que personajes reales se mezclan con leyendas tan únicas y asombrosas que incluso nos dan un atisbo de hacia dónde se dirigía la serie desde mucho antes que llegáramos a esta época. Y es que de hecho Dragon Ball ha sabido mezclar cosas que otras series no.

Desde míticos hasta reales

Iniciemos con algo que está presente en todos los momentos de la saga, la lucha y no cualquier lucha. Dragon Ball está inspirado nada más y nada menos que en el Kung Fu y con ello llegan los primeros personajes reales en los que se inspira la serie, los monjes del templo Shaolín. ¿Recuerdas a Krillin? Pues bien, él es la viva representación de un monje real de los templos de China, y si bien recuerdas de la serie él no es calvo por naturaleza, sino que se rapaba el pelo antes de una pelea como en la última película de la saga en la que Freezer resucita.

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Pues bien, los monjes en China tuvieron que aprender a defenderse de los invasores que venían a saquear sus templos, como no eran un ejército en sí mismos se vieron obligados a inventar técnicas de pelea que les dieran ventaja individual frente a sus adversarios, de modo tal que pudieran pelear en proporciones de tres a uno.

Pues bien, esta idea la vemos también plasmada, claro que con exageración cuando nuestros personajes se enfrentan en proporción casi de cien a uno con villanos que, por supuesto, anteceden al verdadero mal en sí mismo. Sumado a esto tenemos que el báculo o la vara que tanto usaba Goku al principio de la serie era de por sí el arma predilecta de los monjes por ser la más sencilla y asociada a todo tipo de mitos.