La pareja de Rodri y Bea está viviendo sus momentos más tiernos estos últimos días. A pesar de que tienen sus peleas y de que de eso poco nos muestran en las galas de Gran Hermano, también están pasando por una etapa en su relación con la que los fans de "Rodea" estarán disfrutando enormemente. Desde besos y arrumacos hasta cartas de amor, Bea y Rodri ya no pueden esconder lo que sienten el uno por el otro y se han convertido en la que muchos consideran la pareja más real de esta edición de Gran Hermano.

La pasada noche vivían otro de los momentos que marcaban un antes y después en su relación. Y es que Bea por fin le confesó a Rodri que había pedido una hora sin cámaras en el confesionario, con striptease y esposas incluidos en el plan, después de haber pasado horas angustiada por si él se enfadaba al haberlo hecho a sus espaldas.

Muy al contrario de lo que Bea temía, Rodri se lo tomó muy bien y los dos estuvieron más acaramelados que nunca después de la confesión. Incluso Rodri pareció decepcionado al pensar que le estaba “vacilando”. “¿Pero la has pedido o no?”, le preguntaba una y otra vez la pasada noche, sin saber si Bea le estaba gastando una broma o si hablaba en serio (como ya hemos visto en otras ocasiones, Bea no puede evitar reír cuando se pone nerviosa y anoche no fue una excepción). Pero Bea realmente lo pidió y, aunque la organización ha decidido que todavía no les concede este momento íntimo, estamos seguros de que no pasará mucho tiempo hasta que les den la sorpresa.

De momento, a Bea y a Rodri les queda el edredoning, que parece que ya han estrenado si hacemos caso del movimiento y los sonidos que hemos podido apreciar en alguna ocasión los últimos días.

Vídeos destacados del día

Aunque para dar rienda suelta a lo que han estado conteniendo tengan que esperar un poco más, seguro que no tendrán que esperar demasiado hasta que Gran Hermano decida que es el momento de que tengan la esperada hora sin cámaras de la edición. Una hora sin cámaras que se está haciendo de rogar más que nunca y que, hasta que Rodri y Bea entraron en acción, parecía que no iba a llegar.