El regreso de la mujer al barrio no es sino la consecuencia de la aparición de doña Úrsula, aunque no todo son buenas noticias para madre e hija. Lo cierto es que el regreso de la que fuera su institutriz pone en serios aprietos a Cayetana, ya que ella sí conoce la verdad sobre su identidad, sobre su pasado y sobre todo lo ocurrido en el incendio que marcó un antes y un después en su vida. Recordemos que por este motivo terminó Fabiana por empujar a la mujer por el puente, porque una y otra vez repetía aquello de que pensaba desvelar el verdadero origen de la que se hiciera pasar por su señora durante todo este tiempo.

Tal ha sido la sorpresa para todos que incluso San Emeterio se ha quedado perplejo, al que además le ha salido muy caro el empeño que tenía en hacer a Fabiana confesar la verdad de lo ocurrido con doña Úrsula. Convencido de que la única intención de la criada era la de proteger a su verdadera hija, Mauro ha tratado de sacarle la verdad de todas las maneras que podía, llegando incluso a levantarle la voz.

Ésta ha sido una de las razones de su jefe para apartarlo del caso definitivamente, aunque él no está muy dispuesto a cumplir con las órdenes. Desde el principio ha tratado de acabar con la falsa Cayetana y devolverle a Teresa su identidad, algo que está decidido a conseguir.

En lo que respecta al tándem formado por Rosina y Leandro, las cosas continúan algo paradas. Por un lado, la madre de Leonor está más decidida que nunca a tener una relación con Liberto, aunque sus primeros intentos han caído en saco roto.

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La viuda se ha servido de los consejos de su esposo fallecido, un ánima que se le presenta cada vez que la necesita, para despertar de nuevo el deseo del sobrino de Susana, aunque sus intentos no han sido fructíferos. Por este motivo, sabedora de que el joven se marchará muy pronto del barrio si ella no lo impide antes, decide abordarlo en mitad de la calle para gritar a los cuatro vientos lo que siente por él.

En el altillo, mientras tanto, las cosas continúan tan tranquilas como antes de la llegada de Huertas. La criada no ha conseguido convencer a sus compañeras de que alcen la voz, pues cuando éstas se han dado cuenta de las consecuencias que podría tener una revolución han decidido cesar sus exigencias. Doña Celia ha sido la encargada de comunicarles la decisión tomada por los señores, quienes han acordado permitirles decidir a ellas si se quedan bajo las mismas condiciones de siempre o si se quieren ir de la finca para siempre.

A estas preocupaciones se suma para Martín el miedo de que Casilda, su mujer, descubra el tipo de película que grabó con Enriqueta, algo que podría costarle la relación. ¿Será capaz el mozo de impedir que la que fuera su compañera de cartel proyecte la cinta para los vecinos de ‘Acacias 38’?

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