Por si acaso no conoces los detalles de tan escabroso asunto, intentaré informarte brevemente. El proceso comenzó hace ya dos años, en 2014, cuando la cantante denunció a su productor Dr. Luke por presuntos abusos sexuales, físicos y verbales, además de por acoso emocional. En el durísimo texto de su denuncia, Kesha afirma que en sus 10 años de relación profesional Luke la ha drogado en varias ocasiones para poder abusar sexualmente de ella. Narra incluso algún episodio concreto, como una vez en que éste le obligó a tomar pastillas de GHB y despertó desnuda en su cama sin recordar nada.

Se produce entonces el cruce de acusaciones.

El productor demanda a su vez a la cantante por difamación, daños y perjuicios e incumplimiento contractual. La cosa se queda así, pendiente de juicio. Pero ahora la cantante tiene las manos atadas por un contrato que firmó con Sony en el que se especifica que el sello de Dr. Luke tiene la 'exclusividad' de Kesha. Que ningún otro sello ni por tanto productor pueden trabajar con ella y, desde luego, que ningún otra discográfica multinacional puede publicar su Música. Es entonces cuando Kesha demanda también a Sony.

Hay reacciones pero no muy airadas. Nadie se quiere mojar demasiado porque no trascienden detalles sobre las denuncias. A mediados del 2015 John Seabrook escribe un libro titulado 'The Song Machine: Inside the Hit Factory' en el que trata (entre otras cosas) la desigualdad de género que se vive en la industria.

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Algunas artistas famosas como Lady Gaga o Ariana Grande apoyan su visión.

Pero no es hasta este mismo año 2016 que Kesha no vuelve a la palestra mediática. En febrero, un juez falla a favor de Sony en la demanda que la cantante les interpone. La justicia estima que debe cumplir su contrato con la compañía y, por tanto, con su presunto violador. Es entonces cuando el mundo del espectáculo, los medios y usuarios de redes sociales comienzan a tomar posiciones a un lado u otro. 

Por un lado, surgen quienes defienden la honestidad de Kesha. Periodistas de todo el mundo escriben artículos de opinión sobre la industria musical y recalcan que es un sector empresarial en manos de hombres (¿los otros no?). Feministas la apoyan a través de redes sociales con el hashtag "freekesha" y se suman algunos nombres conocidos como el de Demi Lovato, Miley Cyrus...que le escriben mensajes de apoyo. Incluso ONU Mujeres se vuelca en apoyarla, incluyendo en su 'tuit-apoyo' un artículo del medio Huffington Post en el que se habla de por qué muchas mujeres víctimas de agresiones sexuales no denuncian, comparándolo con el caso de Kesha.

Taylor Swift por ejemplo, dona 250.000 dólares a Kesha pero no hace ninguna declaración a su favor ni le trasmite su apoyo de forma pública. Prefiere mantenerse al margen. 

Por otro lado, surgen quienes defienden al productor Dr. Luke, que habla tras el juicio por primera vez desde que se desatase la polémica. En una serie de 'tuits' se defiende argumentando que no sólo no ha violado a la cantante si no que jamás han tenido relación sexual de ningún tipo, que él siempre la ha visto «como una hermana pequeña». Dice que tiene 3 hermanas, una hija, un hijo con su exnovia y que le educó correctamente una madre feminista. Además arremete duramente contra el abogado de Kesha, argumentando que fue él quien defendió a Scott Peterson (acusado de matar a su esposa) y a Chris Brown (condenado por agredir a su pareja de entonces, Rihanna), añadiendo «¿creéis que le importan los derechos de las mujeres?». Según el productor, todo esto es un intento sucio de la cantante de librarse de su contrato.

Quienes defienden a Luke lo hacen mediante la teoría que él mismo señala: Kesha quiere librarse de él. De hecho, varios años antes de que la cantante demande al productor, muchos dedos señalan que éste no deja a Kesha reconducir su carrera a otros derroteros como el rock. En 2013 llega a emprender un intento en este sentido, un album con el grupo 'The Flaming Lips'. Habrá que esperar al juicio.