Un sol de justicia, una humedad que supera el noventa por cien, un hambre descomunal, una convivencia imposible y la cercanía del fin de todo esto y la promesa de un premio en metálico que puede cambiarte el presente y quién sabe si el futuro están provocando que varios de los concursantes de esta edición de Supervivientes 2016 pierdan el norte.

Después de haber vivido a enfados y reconciliaciones inverosímiles, atracciones imposibles, alianzas inimaginables y actitudes de lo más ridículas, los últimos protagonistas de varios momentos bochornosos en el Cayo de Honduras han sido la terna que viene marcando el compás del programa en las últimas horas: Suso, Yola y Mila Ximénez.

Con Yola Berrocal como protagonista, parece que ya nadie aguanta las meteduras de pata de esta, que todo lo que haga parezca encaminado a agradar ante las cámaras, que tenga una estrategia tan bien aprendida o que esté jugando a tantas bandas como compañeros tiene todavía a su alrededor.

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En este sentido, Suso, afectado por todos los condicionantes que hemos convenido en el primer párrafo ha decidido no aguantarse más y sacar todo lo que lleva dentro vociferando todo tipo de delirios ante Yola, acusándola de nominarle sin motivos, de mentirle y traicionarle a grito pelado y escuchando como respuesta una calmada y confusa Yola, también afectada por tantos parámetros que están conduciéndolos al delirio y alejándolos del sentido común.

El ex de GH 16, poseído por esa locura tan particular no dudó en empezar a gritar solo "¡que os den por culo!" mientras destrozaba la pasarela realizada por su compañera sin que viniese a cuento mientras Yola, autora de esta obra, lloraba al lado de una Mila que minutos antes había indicado que le "revolvía el estómago" y que ahora se ponía de su lado al ver al catalán perder las formas.

Una escena como salida del camarote de los hermanos Marx en la que cuesta reconocer un argumento medianamente válido, un tono más o menos normal y una coherencia que lo respalde detrás. La locura ha llegado para quedarse.