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Anoche, mientras intentaba llamar al sueño, estaba viendo un rato la Televisión. Por azares que ni el mando ni yo mismo podemos explicar, encontré a medio empezar un programa de la cadena CUATRO, llamado "Esclavas" (#esclavas). Al parecer es una serie documental en la que, en cada capítulo, abordan la vida de una mujer víctima de la trata de blancas en España y se puede ver integro en la página web de la cadena.

Nada más acabar de verlo pensé en que diablos debemos estar pensando los hombres. Es cierto que en las recreaciones tienen cierto tono melodramático pero es asunto es sobrecogedor. La chica del caso de hoy se llama Olga.

Pongámonos en situación. Año 2000. Olga es rusa y con 20 años, tras la muerte de su madre, decide irse a Alemania para tener una vida mejor. Allí se encuentra con uno de sus mejores amigos. Sin saberlo, es engañada por el chico, que le ofrece trabajo y vivienda en España aunque en realidad le ha preparado una sorpresa muy distinta. Cuando llega, Olga lo hace directamente a un prostíbulo. Nada de bar con luces y unas camas donde unos cuantos se intentan quitar las soledades a base de euros. Aquello parece una cárcel. Tienen prohibido salir a la calle y solo pueden salir al exterior para estar en un pequeño patio con unos muros enormes y alambre de espino, sin posibilidad de escapatoria. Durante el día están recluidas en sus habitaciones y por la noche trabajando como animales. Su deuda: un millón y medio de pesetas.

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¿Os hacéis la imagen mental en la cabeza?

La chica, rebelde y poco dócil ante su destino, se rebela contra lo que le pasa. La consecuencia es que, día si y día también recibe palizas, insultos y amenazas a manos de un capo de "etnia" gitana (pongo lo de etnia entrecomillado para que no me tachen de racista ya que malnacidos los hay en todas las casas y en todas las etnias). Oscar se llama la criatura. ¿Te lo imaginas?

Durante las semanas de cautiverio la joven intenta, a traves de los clientes, ponerse en contacto con la polícia. Todos le dan de lado y se niegan a ayudarla. Eso si, siguen pidiendo número para jugar con su cuerpo. Pedazos de carne sin alma, supongo.

Al final, tras una paliza de esas que rompen costillas y revientan tímpanos entre otras lindezas, consigue escapar gracias a una redada policial. Lo curioso es que la polícia buscaba drogas y armas en aquel antro y las chicas, mire usted, cómo que le daban un poco igual. Es cierto que era el año 2000 y las cosas han cambiado a mejor pero no deja de tener su miga.

Así que Olga, gracias al azar, hoy día esta viva y feliz.

Sabiendo lo que se sabe hoy en día, ¿cómo puede nadie irse a echar una canita al aire? ¿Qué clase de caballero que decide pagar por compañia se niega a escuchar el llanto desesperado de una chiquilla? Es cierto que en España lo de irse de picos pardos es tradición pero...¿hasta cuando? ¿Somos los españoles tan primitivos y tan machistas? Siento una profunda pena por las mujeres de nuestro país.

Puede ser tu hija, tu sobrina o tu prima. En España, 9 de cada 10 mujeres que se prostituyen lo hacen forzadas o amenazadas, 7 de cada 10 sufren palizas o vejaciones y sólo en 2015 fueron liberadas más de 8200 mujeres de redes de trata de mujeres. Y eso son cifras sólo de un año.

Así que cuando se acerque la despedida de soltero de tu hermano, te reencuentres con los amigos del pueblo o te apetezca echar un    polvete a escondidas, ¡mirate una porno antes y no contribuyas con tu visita a alimentar este monstruo que es la trata de blancas!. Y es que, en los últimos diez años, el número de prostíbulos en España ha pasado de unos 800 a    más de 1500. Es decir, que a pesar de toda la información, el fenómeno va a más y no a menos. Como diría el gran Forges ¡Que país!