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Ya hablé muchas veces en este diario de cuando yo iba como público casi todos los sábados, casi cien, creo, a La Sexta Noche, el programa de debate de La Sexta.

Lo del otro día entre Ana Pardo De Vera y Eduardo Inda es una muestra de que algunos de los tertulianos fijos han hecho mucho más daño al programa que beneficio. Quiero decir que le dan más audiencia, pero le quitan prestigio. Y eso es muy malo para el programa, que nació queriendo ser alternativa seria. Quizá por que entonces, en 2013, La Sexta era independiente, y ahora, como una rama más del emporio Atresmedia, se ha desviado al puro espectáculo morboso. No como el de Telecinco, a eso no ha llegado, pero la chulería de algunos tertulianos le ha provocado rechazo en las Redes Sociales, con gente que se ha dado de baja en verlo cada sábado por la tele.

Eduardo Inda y Paco Marhuenda son los que más daño hacen al programa, aunque más el primero, ya que el segundo, a su lado, parece un monje benedictino, quizá por que sus proclamas de que Rajoy es un santo suenan más suaves que los irritantes traca-traca del primero, sus preguntas inquisitoriales “Estás a favor de esto o lo otro, ¿¿¿sí o no???” (que acabas contestando lo que él quiere oír, simplemente para que se calle de una vez) y su aire de superioridad.

Eduardo Inda, ahora director de un diario online sensacionalista, ya destacó lamentablemente como director del Marca, con paridas como “Hay que parar a Messi, por lo civil o por lo criminal”. En su diario actual, se le nota igualmente su hooliganismo futbolero, aunque a través de otros, como uno que escribe el blog “Diario Madridista”, con el mismo tono que su director.

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Yo mismo pensé que, ya que he estado como público sentado en cualquiera de las gradas del plató, sólo me faltan los sillones de los contertulios. Lo que pasa es que no aguantaría muy bien los ataques de Inda, incluso si atacas a la película Sangre de Mayo de José Luis Garci, subvencionada por su amiga Esperanza Aguirre, que él, en pleno éxtasis, califica de “¡Maravillosa película!”, casi al estilo Javier Gurruchaga. Él sabe llevarte por donde quiere, y tanto Javier Aroca como Xavier Sardà tienen la suficiente paciencia y aplomo para no dejarse avasallar por él.

Pero sus cartelitos, que él ha convertido en marca de la casa, sus fotos, que él saca casi a bocajarro, para que los televidentes digan que él, y sólo él, tiene razón, y su tono de inquisidor, sobre todo contra Tania Sánchez (que dejó el programa por él), Guillermo Zapata (su obsesión) y cualquiera que no le guste, ha hecho mucho daño a La Sexta Noche. Marhuenda, por su parte, como dije, parece un monje benedictino que quiere llevarnos por el buen camino, aunque al final nos parezca un ingenuo anticuado y trasnochado que tiene la iglesia más vacía que el pastor de Los Comulgantes de Ingmar Bergman.

No, así no se puede, señores de La Sexta Noche. Si Merlí fuera un personaje real y fuera al programa como contertulio, le diría cuatro cosas bien dichas a Inda sin inmutarse, aunque él le atacara y le dijera calumnias como “Yo sacaría a mi hijo de tu Instituto, haría que te expulsaran de ahí y te prohibieran ejercer como maestro, eres un indecente que denigra tu profesión, no sé por qué los maestros no exigen la retirada de tu serie, y menos que La Sexta se haya rebajado a emitirla”, cuando no “Espero que no te acerques a mi mujer”. Así es Inda, que ha convertido a La Sexta Noche en su caserío particular, y no el de los quesitos.