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      El domingo pasado Jordi Évole entrevistaba al actor José Sacristán. El programa prometía y no defraudó en gran medida, una entrevista densa y profunda que sólo se vio limitada por el escaso tiempo del que dispone este espacio en antena.

      De sobra es conocida la implicación política, así como la ideología del actor, como él mismo dijo “siempre estaré a la izquierda del PSOE”. Muchos analistas afirman que es una frase que define muy bien la personalidad del actor, pero que la mejor frase que dejó en el programa fue cuando afirmó que con su amigo Alfredo Landa, quien era de derechas, lo consideraba un hermano, aunque claro está de política no hablaba con él para evitar disputas. Quizás esta última reflexión en un principio no se entendió, pero fue la que mejor reflejó lo que supuso la Transición, periodo muy criticado por un sector a quienes el propio actor llamó la atención, pues afirmó con rotundidad “a quienes critican la Transición me hubiera gustado verlos allí y ver de dónde veníamos, no se puede criticar tan a la ligera tras tantos años”.

       Como bien decíamos el programa prometía y más cuando el conductor dijo que iban a un escenario para hablar con ciudadanos.

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En esta parte de la entrevista, y parte nuclear de ella, fue cuando se fraguó la mayor atención del espectador, pero también donde el espectador se vio un poco defraudado. Un fraude no como consecuencia de mala entrevista, ni por culpa de los protagonistas (entrevistador y entrevistado) sino más bien por la escasez de ella.

      La entrevista se vio limitada a la intervención de tres ciudadanos donde se puso de manifiesto tres problemas graves, los desahucios, el problema que se arrastra sobre las víctimas de la Guerra Civil y el Franquismo, los estudios y la problemática que atañe a la fe.

      En el último caso no vamos a entrar en profundidad pues nuestro objetivo no es entran en suspicacias sobre si es falta de respeto o no lo que se expuso.

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En relación a lo que acontece en relación a los descendientes de represaliados pudimos ver una visión fresca, y nos sentimos importantes pues desde esta redacción en más de una ocasión hemos defendido la postura que se defendió, pero no entraremos tampoco en un análisis pormenorizado pues en más de una ocasión hemos explicado diferentes casos desde este medio.

      Lo que más nos llamó la atención fue la visión del estudiante, que trabaja para pagarse sus estudios e incluso afirmó haber sacado un préstamo para poder estudiar. Todo gracias a los recortes en educación perpetrados por un Gobierno que todavía hoy ve el estudio como un privilegio para unos pocos. Qué casualidad los mismos que no quieren hablar de los represaliados ven la educación igual que se veía 60 años atrás.

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Sólo que estudie quienes se lo pueden permitir.

      La entrevista se resumió en eso y en varias reflexiones sobre la actualidad política y diferentes actos socio-políticos públicos, que el actor había apoyado, como el “NO a la guerra” o su crítica a los silbidos hacia un cantante que cantó en catalán.

      La entrevista fue intensa e interesante pero si hay que sacar algún defecto es que el tiempo fue poco para una entrevista tan densa. El espectador se quedó con ganas de escuchar a más ciudadanos allí presentes en el teatro, pero el tiempo marcó el devenir de la entrevista.

      Pero sin duda alguna para todos aquellos que la vimos pudimos aprender mucho y sobre todo nos hizo reflexionar mucho y hacernos muchas preguntas, sin duda alguna hace falta más entrevistas de este calibre.