Sin duda fue uno de los más grandes hitos televisivos de los años ochenta y probablemente de la historia de la Televisión. "Dynasty", llegada a toda iberoamérica como "Dinastía", cambió la noción de la riqueza, la felicidad, el éxito, los Estados Unidos y su viejo Oeste repleto de petroleras. También influyó en la percepción de la infidelidad, la homofobia, el clasismo, el sexo y la globalización.

Creada por el genio Aaron Spelling junto a los guionistas Esther y Richard Shapiro para la cadena ABC en respuesta al éxito abrumador de "Dallas", de la cadena de la competencia CBS, no fue sino hasta la aparición de Joan Collins en su papel de Alexis Carrington cuando se dispararon los niveles de audiencia y dejó a sus rivales fuera de toda competencia.

Sus "cat fights" con cualquier mujer u hombre que se pusiera en su camino se volvieron épicas y de la noche a la mañana se convirtió en uno de los símbolos de la comunidad LGBT en los Estados Unidos y en el resto del mundo, un personaje de culto.

Delicadas flores en elegantes floreros de cristal, sillas Luis XIV, vallijas francesas, hasta perritos puddle recién salidos de la peluquería, todo volaba por los aires. Mujeres vestidas de alta costura y ahogadas por perlas y diamantes rodaban por las escaleras. Era pan de cada día. Alexis Carrington y Dinastía lo eran todo.

Fuera de la pantalla, la imagen de Collins ataviada por los principescos trajes creados por Nolan Miller se transformaron en un fenómeno de marketing sin precedentes.

Todas las mujeres de Estados Unidos, adineradas y pobres, querían los mismos de la señora Carrington. Miller alcanzó tanta popularidad que creó una colección con el nombre de la serie para ser comercializado en todo el país en la cadena de tiendas Bloomingdale's. En el primer desfiles de presentación participaron, aparte de Collins, Linda Evans y John Forsythe, sus coprotagonistas.

Lo que iba a ser un desfile de moda se transformó en una lucha de campo con golpes, vasos rotos, histeria incontrolable y parte de la colección completamente destrozada.

Treinta y cinco años después, sus seguidores siguen llorando el término de la serie y un fenómeno que cambió la perspectiva ante nuestros ojos de todo, de lo que aspiramos ser y en lo que quizá, de conseguirlo, podríamos llegar a convertirnos.

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