Con motivo de la última exposición en Madrid del famoso fotógrafo Joan Fontcuberta, sale a relucir ese mensaje que contienen sus imágenes, que distorsionan la realidad con el objetivo de despertar en el espectador esa actitud crítica hacia esas circunstancias que se dan como verdaderas cuando no lo son.

Ese objetivo queda patente en la exposición que ha habido en la "Sala Orígenes" del Museo Nacional de Antropología de Madrid, dedicada íntegramente a un supuesto hallazgo que cambiaría la historia de la evolución humana: ¡yacimientos arqueológicos de sirenas a orillas del río Tormes!

La historia sobre las sirenas del Tormes comenzaría según el trabajo de Fontcuberta en 1951, cuando unas excavaciones en el Cerro de San Vicente, en la ciudad de Salamanca, sacaron a la luz unos restos fósiles muy bien conservados.

Los restos fueron identificados como como pertenecientes a un hidropiteco; sus rasgos anatómicos parecían a los de las sirenas.

Para estudiar este enigmático hallazgo, llegaría a Salamanca el paleontólogo y religioso Jean Fontana, que había sido discípulo del prestigioso geólogo Albert de Lapparent y que había estudiado unos restos similares aparecidos en una cueva del sur de Francia.

Tras la limpieza de los fósiles por parte del equipo de Jean Fontana, sale a la luz un esqueleto de ser humano pero acabado en una cola, que se encuentra protegiendo entre sus brazos a lo que sería una cría. Fontana bautizó a esta especie con el nombre de Hidrophitecus tormelensis. 

La sorpresa llega al equipo de Fontana cuando se encuentran unos fósiles similares en la dehesa del Vástago del Mendigo, cerca de la localidad salmantina de Almenara de Tormes.

Tras sus investigaciones sobre estos enigmáticos esqueletos, Fontana recibió duras críticas por la jerarquía eclesiástica al ver que esto podía suponer un peligro para el dogma católico.

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El religioso y paleontólogo murió en extrañas circunstancias cuando su cuerda se soltó mientras escalaba en los Alpes.

Con la historia de las sirenas del Tormes, Fontcuberta intenta hacer dudar al espectador para que muestre más atención sobre lo que ve. No tanto para poner a prueba la credulidad, sino para provocar en el espectador una reacción que le lleve a cuestionarse si es real o no lo que se está viendo.