Recuerdo que los lunes por la noche yo no estaba para nadie. Cenaba, y tomaba asiento en mi sillón preferido, siempre junto a una buena dosis de café. A las diez y algo, con más o menos puntualidad –siempre dependiendo de la programación– empezaba mi serie favorita, “Ancient aliens”, y eso era imperdonable perdérselo; al menos para un servidor. Mitos y leyendas, genética, ovnis, ooparts, arqueología, astronáutica y otros misterios… todo tenía cabida.

Con mayor o menor atino, “Alienígenas ancestrales” supo ganarse su segmento de audiencia. Y no es que siempre estuviese de acuerdo con los planteamientos que se hacían en los capítulos de la serie; algunos ponentes no hacían más que ver extraterrestres por todas partes, y uno también tiene su propio criterio acerca de algunas cosas.

Lo verdaderamente admirable de la serie y sus temporadas, era que lanzaban constantemente hipótesis al aire.

Algunas descabelladas, bien cierto es; otras, no tanto. No se trataba de afirmaciones en el sentido estricto, sino más bien de interrogantes que luego eran analizadas por varios investigadores de estas temáticas y también asomaban por la pantalla de Televisión algunos científicos. Lograban algo muy importante que cada vez se practica menos: se establecía el debate en el calor de los hogares.

Un elenco de estudiosos, en definitiva, que plantaban sobre el tapete de la pantalla plana de nuestras televisiones de última generación una amalgama de misterios de lo más variado y que, por encima de eso, supieron ganarse el respeto de un público ávido de respuestas. Aunque fuese a base de plantear preguntas irritantemente incontestables.

Vídeos destacados del día

Estoy seguro de que si la mayoría de ellos se hubiesen dedicado a la parte ortodoxa del saber, despuntarían entre los mejores de su especialidad; y no porque fuesen especialmente brillantes o inteligentes, sino por su apertura mental y su disponibilidad a contemplar explicaciones distintas a lo establecido. O quizá habrían sido condenados a la hoguera de la incomprensión por estar más avanzados que su tiempo.

Pero no fue así, por fortuna. Se dedicaron a otras cuestiones no tan bien vistas por la Ciencia y, eso sí, se convirtieron en disidentes. Plantearon las cuestiones más extrañas, pero prefirieron eso a esconder la cabeza debajo de la tierra seca, árida y a menudo improductiva de los que no les toleran. Y recibieron muchos ataques por esto.

Dudaron, como la Ciencia auténtica, –y no negaron como los “Torquemada”– situándose en la esquina más incómoda y vulnerable del mapamundi de nuestras realidades. Y muchos lo hicieron de forma seria y con estilo.

A pesar de las críticas y de los críticos la serie tuvo éxito.

Tuvo muy buenos niveles de audiencia y muy pronto surgieron imitadores. A la vista está, cuando vemos desfilar por televisión literalmente decenas de Series documentales que intentan seguir la estela que dejó en nuestra pantalla “Alienígenas ancestrales”. Pero hasta la fecha, con todos mis respetos, nadie ha logrado otra vez que este humilde servidor desaparezca del mundo aunque sólo sea durante dos horas semanales.

Bueno, la familia sí, pero ese ya es otro cantar.