Esta semana hemos vivido dos episodios esperpénticos que evidencian la gran brecha entre dos maneras de entender el mundo: por un lado la entrevista a El Rubius de El Mundo, y por otro, el discurso del presidente de la academia de Cine Antonio Resines.

 Estos son para mi dos ejemplos de nulo intento de adaptación a la actual realidad que vivimos. Vayamos por partes.

 La entrevista de Pedro Simón a El Rubius, en mi opinión, respira condescendencia y falta de respeto desde el minuto uno. Una lástima, porque se ha perdido una buena oportunidad de ver como dos personas de universos tan diferentes interactuaban. No me parece mal que un dinosaurio que no utiliza ni tarjetas de crédito sea el interlocutor de un friki hiperconectado: creo que puede ser enriquecedor ver como enfrentan opiniones, estilos de vida y visión del mundo; lo lamentable es que el entrevistador no busque en ningún momento conectar e intentar entender a la persona que tiene delante.

 Se evidencia con esto que sigue habiendo muchas personas en los medios de comunicación que no están dispuestas a aceptar la realidad en que vivimos. Este chaval aglutina en un solo vídeo más audiencia que las grandes cadenas de televisión en prime time y, a pesar de eso, no se ha tenido altura profesional para concederle el mas mínimo crédito. Lo que sucede es que este periodista no entiende el fenómeno youtuber: para él esta gente son alienígenas que no viven en la realidad ¡cómo explicarle que la realidad ha cambiado, y que o se sube al tren o se queda fuera del juego!

El otro episodio esperpéntico es el de Antonio Resines y su discurso en los Goya. En primer lugar lamento que nuestro presidente no sepa ni manejar un ordenador, creo que cualquiera debe al menos intentarlo; pero eso no es lo más preocupante.

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Lo que alarma es que en su discurso ponga en valor la labor de los videoclubs y que siga criminalizando a los usuarios de internet por las descargas.

 El señor Resines también está muy ajeno a la realidad actual del mundo en el que vivimos. La sociedad va por un camino, negarlo o intentar modificarlo es un ejercicio estúpido.

 ¿Los videoclubs? la gente cuando quiere ver algo va al ordenador, lo busca y lo consume. Queremos inmediatez, poder elegir entre miles de opciones y hacerlo desde casa. Es muy ingenuo pensar que prohibiendo la descargas se acaba el problema. La solución no está ahí pero está cerca.

 El negocio de la música tenía el mismo problema, pero aparecieron plataformas como Spotify que consiguieron monetizar el negocio y dar al consumidor lo que pedía. Lo mismo ocurre con el cine y las series en plataformas como Netflix, donde a parte de monetizar el consumo compitiendo con la piratería, ha sabido satisfacer las demandas de un público que sabe lo que quiere y no se traga ese discurso.

 Esto no es una brecha generacional, no tiene que ver con haber nacido antes o después sino con ser capaces de leer el mundo.

Nunca es tarde para actualizarse; informarse, relacionarse y ponerse en la piel de los que ya no son el futuro sino el presente de la sociedad.

 Porque esta es la realidad en que vivimos, y los que no estén dispuestos a aceptarla mejor se hagan a un lado para dejar paso a los nuevos, que tienen muchas ganas de currar y no demasiadas oportunidades.