Mucho tiempo antes de que Taylor Swift nos sedujera con el pegadizo estribillo de su aclamado single Shake It Off,  "players gonna play, play, play, play, play / haters gonna hate, hate, hate, hate, hate", parece que Jesse Graham ya lo había hecho con un verso muy similar, "haters gonna hate, players gonna play". Ahora, el rapero ha emitido una demanda de nada más y nada menos que 42 millones de dólares contra Swift, alegando al New York Daily News que si él no hubiera escrito esa canción, no habría ninguna canción llamada Shake It Off.

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Aunque en lo que a ritmo se refiere, las canciones no comparten ni una nota, Graham asegura que Swift ha plagiado la distintiva letra de su canción, lanzada en su álbum llamado Sexy Ladies.

Originalmente, Graham pidió aparecer en los créditos de la canción de Shake It Off, como co-escritor de la misma junto con Swift, Max Martin y Shellback, que aparecen como escritores, y también pidió aparecer en un selfie con Swift. Ellos respondieron que su afirmación no tenia credibilidad alguna, y eso no gustó al rapero, que aunque en un principio decidió dejarlo estar, finalmente ha seguido adelante con su propósito hasta llegar a los tribunales. Para los fans incondicionales de Taylor, una fuente legal ha comentado a Pérez Hilton:  "el señor Graham, que se va a representar a sí mismo, no puede reclamar la protección del Copyright de las frases ‘haters gone hate’ y ‘playas gone play’ porque el Copyright no protege frases cortas y además esas frases no son originalmente suyas". Es decir, intentar apropiarse de esta frase seria como intentarlo con cualquier dicho en español, no pertenece a nadie en concreto y a todos en general. 

En definitiva, las cifras hablan por sí solas.

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Y es que Shake It Off de Swift se ganó el público desde su lanzamiento, posicionándose como el número uno en todos los rankings habidos y por haber, rompiendo récords de visitas en YouTube, e inundando todas las pistas de baile. Por otro lado, la canción de Graham parece haber pasado por este mundo sin pena ni gloria, por lo que es posible que ni siquiera la propia Taylor Swift supiera de su existencia.