Cuando empecé la carrera de historia, yo al igual que otros muchos compañeros teníamos una visión errónea sobre las fuentes directas para estudiar la historia. En aquel primer año de carrera todos creíamos que las fuentes más idóneas eran las de los autores clásicos, pergaminos, crónicas y  restos arqueológicos. Con el devenir de los años muchos nos fuimos desengañando. Es cierto que esas fuentes citadas arriba son necesarias, pero descubrí las mejores fuentes existentes.

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Eran los testimonios directos de personas que habían vivido una parte de la historia.

Me acuerdo perfectamente cuando por primera vez pasé dos horas y media sentado en una silla escuchando a un vecino mío contarme su historia, desde la proclamación de la segunda república.

Yo no paraba de hacer preguntas y él no paraba de contar. Por primera vez entendí que no todo se refleja en los libros, hay una parte de la historia, así como de la cultura en general, que tenemos que buscarla por otro lado. Una memoria que recordaba el más mínimo detalle, desde el día que se proclamó la segunda república hasta el día de la muerte de Franco. Todo esto pasando por las vivencias de la guerra civil y las penurias que trajo consigo el desenlace de ésta.

Desde ese momento comprendí que si bien es cierto para otras épocas esas fuentes ya no las tenemos por motivos obvios, para la historia reciente es necesario recopilar todos esos testimonios. Desde aquel día saboreé la auténtica historia, ahora sabía la historia oficial de los manuales, completada con varios testimonios de personas octogenarias de diferentes lugares y que hacen que mi sentimiento como historiador sea pleno.

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Muchos no entenderán quizás que haya contado esta historia, pero es que cuando he terminado de ver el programa de Salvados  en el que Évole entrevistaba a Pepe Mujica he sentido lo mismo.

Muchas personas piensan que de nuestros mayores no se puede aprender nada, que su pensamiento está fuera de lugar, es en ese instante en el que erramos. Mujica, ya como ex – presidente de Uruguay dio una lección de moralidad y ética al alcance de muy pocos. Con su tono suave a la vez que muy sabio supo transmitir cada uno de los ideales que defiende, así como supo transmitir todo tipo de crítica con una fina ironía. Me llamó la atención cuando el ex – presidente Uruguayo dijo: “España es una nación rica, tiene reyes y todas esas cosas”. O cuando lejos de hacer como los políticos convencionales que es en muchos casos retractarse al decir palabras malsonantes él se reafirmó en sus declaraciones sobre la FIFA, donde entre risas decía “me quedé corto con lo que les dije”.

Como ya se puede deducir el pasado guerrillero y el tiempo pasado en la cárcel, así como su forma suave y educada de explicarse me hizo recordar esos testimonios directos que al principio relataba.

Una vez más la gran labor de Jordi Évole ha conllevado que aquellos que vieron el programa hayan recibido una clase magistral de moralidad, ética y sobre todo humildad. Para la posteridad quedará la crítica que hizo a presientes como Aznar o Clinton entre otros por cobra tremendas cantidades de dinero por conferencia. Como se sopesaba de grandes figuras así sólo se puede aprender y  cada vez más.