El éxito que cosechó la sexta este domingo en índice de audiencia es un dato totalmente incuestionable, pero quizás se tengo que tener más en cuenta lo que toda persona que vio ese día la sexta sacó en conclusión. Por supuesto que según los sondeos en las diferentes fuentes son dispares las opiniones pero por regla general destacan algunas.

 En primer lugar en el análisis del primer Salvados de Jordi Évole donde se presentaba un debate entre Pablo Iglesias y Albert Rivera la mayoría de los consultados concluyen que Rivera ganó la partida pues llevó el debate más preparado.

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Mientras Iglesias mostró una postura para el debate más despreocupada y como si se tratase de una tertulia política, Rivera se presentó al debate con los deberes bien hechos y una preparación acorde de un debate político de altura.

El principal problema que los espectadores encontraron fue que a pesar de la gran labor de Jordi Évole por intentar sacar el máximo jugo de ambos ninguno de los debatientes concretaron en las materias expuestas y no llegaron a mojarse.

Todo quedó en un debate superficial en el que por momentos parecía que no se avanzaba en ese debate y que según los telespectadores que afirman haberlo visto pareció algo aburrido. Aunque  la mayoría está de acuerdo en que fue acertado el formato pues presentó a dos candidatos a la Moncloa cercanos a los ciudadanos normales y al alcance de todos, con lo que puede que esa maniobra de un debate menos encorsetado y rígido puede hacer a ambos líderes arañar algunos votos.

 En segundo lugar se emitió el programa presentado por Ana Pastor que en un alarde de democracia y profesionalidad quiso hacer un debate a seis.

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El problema mismo residió en dos motivos. En primer lugar que al ser un debate tan abierto son varios espectadores los que afirman que fue un debate muy superficial y nada igualitario. Aún resaltando la profesionalidad de la presentadora son varios los espectadores que afirman que en tan poco tiempo de emisión más no pudo hacer la periodista.

Al final la imagen que por regla general sacan los espectadores fue la de que los principales partidos ninguno se molestó en asistir con sus máximos espadas, que los partidos mayoritarios quisieron entrar poco en materia para no desgastar su imagen. Se vio a un señor de Podemos con ganas de aclarar cosas de una forma sosegada pero que tampoco concretaba demasiado.

Se observó a un señor de ciudadanos que proyectó una imagen más de prepotencia y de soberbia y de una rigidez política más propia del sector duro del partido popular, donde ni concretó en demasía sobre lo que pretende hacer su partido si llega al gobierno y con una actitud del y tu más tan característico de los partidos viejos y omisión e ignorancia sobre los casos turbios que rodeaban a su partido y que se ponían de manifiesto de la mano del integrante de Andrés Herzog (UPyD). Tanto el abogado de los preferentistas y candidato a la Moncloa por UPyD como el Alberto Garzón pasaron de puntillas por el debate.

Ambos contaron con un tiempo menor que los demás, donde el representante de C’s se benefició tanto por tiempo como por sus interrupciones irrespetuosas. Ambos candidatos a la Moncloa de los partidos minoritarios contaron con menos tiempo, pero es cierto que lo supieron aprovechar mejor y aportaron más datos y se mojaron más sobre que van hacer si llegan al congreso.

 En definitiva lo único que faltó fue más tiempo para que Ana Pastor pudiera profundizar más en el debate y representantes políticos con las ideas más claras, donde sólo los más desfavorecidos cronométricamente supieron estar a la altura.