Hace algo más de un año que el director de Cine hispano-chileno comenzó el rodaje de su última película, Regresión . Tras el agrio sabor de boca que dejó a los espectadores Ágora, una superproducción histórica que no acabo de cuajar en España, parecía que El artista iba a abandonar los experimentos utópicos y volvería adoptar el marco de sus éxitos anteriores como Tesis o Los otros. Ciertamente, lo ha intentado. La cinta que cuenta con el drama típico ciencia-religión de Amenábar no acaba de integrar con seguridad un argumento flojo y mal resuelto.

La paranoia, el satanismo y una psicología no demasiado bien explicada son las bases del film.

La intención de thriller psicológico esta clara desde el principio, aunque el satanismo como tema este metido con calzador en la película. Los protagonistas, Ethan Hawke (El señor de la guerra, Boyhood) y Emma Watson (Harry Potter, Las ventajas de ser un marginado), ni arreglan ni emborronan más el film, ambos están correctos y de acuerdo a su talla como actores, sobre todo un Ethan Hawke del todo creíble. Nos cruzamos también a un viejo conocido, David Thewlis (La teoría del todo, Harry Potter y el prisionero de Azcaban), en el papel de psicólogo, que incluso nos puede hacer soltar una carcajada de lo esteriotipado que se presenta. Al final de la cinta Amenábar nos presenta unas líneas a modo de explicación que se reciben más bien a modo de consuelo.

A pesar de ello la película sigue en buen puesto en las taquillas españolas, que ante la falta de oferta puntual, eligen ver el film.

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Sin embargo, no parece que vaya a alcanzar los 10 millones de euros ni parece tampoco que sea uno de los títulos que más representen al cineasta. No sería raro ver una caída en picado de sus cifras en las próximas semanas.

A pesar de que, en palabras del director, con esta cinta, "revisitaba el misterio", queda muy lejos de sus obras más sonadas, como Tesis. El ganador de un Óscar no parece encontrar el camino de vuelta a su zona de confianza. Esperemos que pronto vuelva a acertar antes de que se cubra de la niebla de la crítica fácil (y puede que merecida) que acecha al director estas últimas semanas.