Madagascar es donde nos ha llevado Jesús Calleja en el anterior programa Planeta Calleja. ¿Cuál ha sido su acompañante de viaje? Álex González, el inspector más controvertido de El Príncipe. Con él ya hemos vivido muchas aventuras en Ceuta pero ahora toca sentirlas lejos de la ficción con todos los contratiempos que conlleva el periplo en un lugar tan inhóspito. En situaciones extremas es cuando aflora lo que realmente somos y Álex nos lo ha mostrado con absoluta transparencia.

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Nada más empezar, Álex González admite que le gustan las situaciones límite, que le gustaría encontrarse en una de ellas. Vamos a ver cómo se las apaña con las pruebas que Calleja le ha ido proponiendo.

El máximo reto del programa es llegar a una de las islas más solitarias del archipiélago de en Kayak, parece una tarea que solamente requiere resistencia física pero es que las aguas de Madagascar es una de las zonas donde se han contabilizado más ataques de tiburones a los bañistas.

Otra demostración de que el actor les tiene cierto temor a los animales y respeto por su hábitat es su encuentro con los cocodrilos. Cuando Álex cree que están penetrando demasiado al espacio vital de los réptiles, insiste a Jesús que quiere marcharse porque al igual que a él no le gustaría que nadie entrase en su casa sin su permiso, se siente con el deber de retirarse antes de desencadenar una situación peligrosa. Ésta no es la única faceta que descubrimos del acompañante de travesía en Planeta Calleja, en el poblado africano de los magaches Álex saca su lado más afectuoso convirtiéndose en uno más de los juegos de los niños.

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Aún así, le surge un sentimiento de invasor, del típico occidental que llega a África a entorpecer la cotidianidad de los nativos. Sin embargo, ante los pensamientos negativos del actor, el viajero experimentado, Jesús Calleja, le recuerda que esta sensación solamente está en su mente, para nada están molestando a los habitantes del pueblo que le han acogido, ellos simplemente esperan que disfrute de su hospitalidad.

Más tarde, en estos momentos de intimidad que los viajantes encuentran en la soledad del trayecto en coche, la calma de la noche o el reposo de la cima de una montaña, es cuando Álex se entrega totalmente a nosotros, los espectadores. Reconoce que ha tenido que pagar un peaje muy alto por su éxito profesional en muchos aspectos, por ejemplo, le resulta difícil conocer a una chica porque no podría empezar una relación como lo hace la gente normal. También le agobian las prácticas de algunos de los medios de la prensa rosa, es consciente de que es un personaje público pero no cree que sea lícito comerciar con su imagen sin su consentimiento ni que se publiquen informaciones falsas sobre su persona.

El viaje hace que el viajero cambie la percepción de las cosas y del mundo en el que había vivido hasta ahora porque, de repente, descubre otras esferas diferentes. Álex es capaz de realizar tal expedición espiritual  tanto solo como acompañado pero, ahora mismo, le gustaría continuar la travesía vital siendo padre. No es algo que haya decidido de forma repentina sino que es un deseo que siempre ha tenido. A sus 34 años tiene la impresión de que se encuentra en la edad de iniciar esta nueva aventura.