Según recuerda el semanario Paris Match, uno de los alcaldes ultraderechistas de Francia, el antaño izquierdista Robert Ménard, de la pequeña ciudad sureña de Béziers, que margina a alumnos o gente por su origen o religión, casado con una militante de Civitas, asociación ultrarreligiosa, es fervoroso admirador de la serie “La casa de la pradera”, que el desaparecido Michael Landon popularizó hace cuatro décadas.

Ménard escribió en la revista municipal un elogio encendido a la serie, admirando los valores tradicionales “desgraciadamente arcaicos” de la misma. Y la describía así: “En casa de los Ingalls, todo iba sobre ruedas. Cuando Charles acaba de cortar la leña, su mujer Caroline ha acabado de poner la mesa y los platos preparados con amor. Por parte de las hijas, han rezado sus oraciones antes de comer y escuchan a los padres sin rechistar”.

La actriz Allison Argrim, que en la serie encarnaba a la antipática Nellie Oleson, enemistada con Laura Ingalls, que ahora tiene 54 años, ha contestado al alcalde de una manera directa, en una entrevista a L’Express: “La mujer sumisa, los platos bien preparados, los hijos perfectos… ¡Todo eso me hace reír!” Luego sigue hablando de la misma, pero algo diferente a lo que Ménard ve de ella: “Pero no estoy sorprendida. Como Ménard, a muchos políticos de EE.UU. les gustaría vivir en la época de la serie y encontrar los valores difundidos por ella”.

Y sigue diciendo: “Derecha, izquierda, extrema derecha, extrema izquierda, Republicanos, Demócratas, liberales… A cada uno le gustaba, a hombres políticos o anónimos. Sadam Hussein y Ronald Reagan eran grandes fans de “La casa de la pradera”, y no tenían nada que ver entre ellos. Entonces, ¿quién se opondría a este tipo de valores?”

La actriz se encuentra de gira por Francia con espectáculos teatrales como “Confesiones de una golfa de la pradera” (sic) y “El tronco de los tesoros de Nellie Oleson”. Le gusta representarlas en pequeños pueblos de la Francia profunda por que “en ellos puedo reencontrar el mismo ambiente de la serie”.

Argrim opina que Ménard se ha olvidado de otros valores que difundía la serie, que nada tienen que ver con los suyos: “Vivir juntos, igualdad, tolerancia, aceptar a los demás sin importar su origen o religión. En un capítulo de la 7ª temporada, hay una manifestación por los derechos de la mujer. Caroline, la mujer de Charles, se lo dice claro a su marido, ella no es sumisa, nada de eso. Además, en la serie, mi personaje y el de mi madre llevamos un hotel, somos verdaderas mujeres de negocios. Verdaderamente, era una serie muy moderna”.

Ménard ha sido siempre polémico desde que es alcalde de Béziers: primero se saltó las estrictas reglas que respetan el laicismo de Francia colocando un belén en el hall del Ayuntamiento.

Luego otras medidas polémicas, como apoyar a través de un candidato de su partido la retirada de la subvención a un teatro público por que no eran de su gusto las obras programadas. O cuando rebautizó una calle local con el nombre de un militar golpista contra De Gaulle por que defendía, como Ménard, la “Argelia francesa”. La última ha sido publicar en la revista municipal también un fotomontaje en donde se burlaba de la llegada de refugiados sirios con el titular: “Ya llegan”.