Un día enciendes la Televisión a las 22:00 y te ponen Furtivos, de José Luis Borau, y al día siguiente haces lo mismo y puedes ver Tasio, de Montxo Armendáriz. Que otra jornada te encuentres con La torre de los siete jorobados y poco después con Arrebato, de Iván Zulueta, es, simplemente, admirable.

Creo que no somos conscientes de hasta qué punto Historia de nuestro Cine, el programa semanal que introduce Elena Sánchez junto al especialista de la que película que tal o cual noche toque, es un hito en TVE.

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Podemos considerarlo la Filmoteca en casa, y eso no se da muy a menudo.

Joyas del Cine español, en buena medida imposibles de encontrar porque no están editadas en ningún formato doméstico y tampoco constan en los catálogos de los distintos portales de visionado online legal, muchas de las cuales son completamente desconocidas para el gran público, ahora están al alcance del mando a distancia.

Sin tener que salir de casa. No se puede tener ya más cerca la posibilidad de descubrir una cinematografía que para muchos era inimaginable.

Porque en España se ha hecho mucho cine y muy variado, otra cosa es que haya tenido publicidad primero, público después y posibilidad, una vez concluida la exhibición en pantalla grande, de llegar a los espectadores a través de vídeo, DVD, Blu-Ray y demás sistemas que todos conocemos y en los que casi nunca encontramos nuestras producciones.

Tener la oportunidad de ver No profanar el sueño de los muertos, último título emitido en este espacio, una coproducción entre España e Italia, que esas también son nuestras, como lo fue la hispano argentina Martín (Hache), que pudo verse el pasado mes de julio, es un acontecimiento. El programa ha agrupado esta semana cinco películas bajo el epígrafe de "rarezas", y este film de Jorge Grau encaja en él a la perfección.

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Situarse en el año 1974, en que se rodara y estrenara, y pensar que una década más tarde nos llegaron, por ejemplo, Los Cazafantasmas, da una idea de lo que esta película de zombies debió suponer para los espectadores que entonces la vieran. Puede que sus efectos hoy resulten algo naïf, pero años más tarde aún no habrían alcanzado el nivel que actualmente nos convence para ir de cabeza al cine a dejarnos sobrecoger por ellos. Y la media hora final de la película vista en salas tuvo que ser apoteósica.

Hay que felicitar a TVE por su función de filmoteca casera, por rescatarnos un cine que merece la pena verse, descubrirlo, o recordarlo. Directores olvidados que vuelven por un día a ser los protagonistas de una programación que no solía contar con ellos, pero que gracias sobre todo a Enrique Cerezo, dueño de la mayoría de ellas, vuelven a estar vigentes.