Normalmente tardamos mucho tiempo en saber qué maestro de ceremonias (así, en genérico, que ambos sexos entran en el concepto) tendrán cada año los Goya, los premios cinematográficos más importantes de este país, pero de cara a 2016 las tornas han cambiado y nos hemos adelantado incluso a los Oscar: España ya sabe que Dani Rovira, el gran Dani Rovira, volverá a presentar el espectáculo de entrega de "cabezones".

Era de esperar, y de desear, porque Dani hizo un trabajo sensacional, de los mejores que se recuerdan, sobre el escenario por el que fue pasando toda la industria de la gran pantalla. Tal vez muchos no tengan muy presentes los tiempos en que la actriz Rosa María Sardá recibió todos los elogios que pueden llegar a darte si se realiza a la perfección tan complicada labor, pero lo cierto es que hacía tiempo que las buenas críticas no eran tan unánimes como cuando Rovira se adueñó del escenario el año en que La isla mínima ganó sus merecidos premios.

Ingenio, rapidez, mordacidad, una soltura envidiable y un dominio apabullante de su profesión fueron los elementos gracias a los que consiguió que el duro público de los Goya, siempre con la lupa puesta en el más mínimo fallo, solo pudiera sacar el defecto de que la gala se hubiera ido de tiempo. Y era una crítica razonable. Parecía que el Goya a la mejor película, que es  el que cierra la noche, no fuera a llegar nunca. Pero Dani salió airoso de la tarea y este año le espera de nuevo el reto de conseguir aunar a los espectadores que lo admiraron y los que todavía no lo hagan, que haberlos seguro que los hay.

También tuvo el presentador, el 7 de febrero de este año, al Cine de su lado: la Academia había nominado películas como Loreak o Magical girl, recientemente preseleccionadas al Oscar que está por venir, y ya no se trataba únicamente de sentarse ante el televisor a sacarle defectos a la gala, como en años anteriores, porque las películas, al no haberse visto, qué más daban.

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No, este 2015 sus televidentes le pusieron el interés de quien tiene favorita, como pasa en los Oscar, que se han visto las candidatas y se puede opinar e incluso posicionarse al respecto de la que debe ganar.

Si miramos hacia febrero de 2016, con el Cine español que aún está por llegar, la próxima ceremonia se atisba tanto o más brillante que la de la edición precedente, con títulos como Truman, de Cesc Gay, El rey de la Habana, de Agustí Villaronga, Mi gran noche, de Álex de la Iglesia, La novia, de Paula Ortiz o El desconocido, de Dani de la Torre, un thriller, sí, pero en España no hay tantas pegas para premiarlos como en la industria que más se admira.

Cada gala es una odisea, no es fácil entretener minuto a minuto durante más de tres horas. El cine lo sabe bien, ya que ni los directores más esperados son infalibles al respecto, y los presentadores de entregas de premios también, pero lo cierto es que Dani Rovira lleva ya mucho ganado con lo conseguido. Ahora solo queda mantenerlo y, a ser posible, que lo es, superarlo.