No sabemos si otras televisiones del Estado español la emiten, al menos las de pago, pero en abierto, los espectadores catalanes de TV3 ya vieron el año pasado una serie americana, “Amb C majúscula” (Con C mayúscula), producida por la cadena Showtime, que trataba un tema tan difícil de tratar como el cáncer, visto despojado totalmente de dramatismos truculentos, habituales en este tipo de historias, y con un tono de comedia satírica a la americana. Son capítulos de media hora de duración cada uno, que se repartieron en cuatro temporadas, cada una en una de las estaciones del año y durante un año.

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La protagoniza Laura Linney, como Cathy Jamison, a la cual un día le diagnostican que tiene Cáncer en estado IV. Decide mantenerlo en secreto a su marido y a su hijo, esperando una muerte segura, pero poco a poco, aprenderá a convivir con la enfermedad e incluso a sentirse más viva como persona.

Los actores no son demasiado conocidos, aparte de la Lohan, podemos encontrar en el reparto a Cynthia Nixon, una de las protagonistas de “Sexo en Nueva York”, serie que revolucionó la Televisión en su momento (no tenía nada que ver con sus espantosas versiones cinematográficas).

TV3 repone “Amb C majúscula” este verano a medianoche, y quienes no la hayan visto, se encontrarán con una protagonista desconcertada ante lo que le pasa, pero que luego sabe sobreponerse y luchar, sea contra su enfermedad, contra el mundo o contra el aburrimiento que hay en su matrimonio. Vamos, con alguien con quien identificarse en cierta manera, da igual si no has estado enfermo en tu vida.

Y además, con el típico tono de telecomedia americana, con el hijo adolescente que piensa en chicas, el marido desconcertado ante lo que le pasa a su mujer y no saber cómo actuar, las reacciones del entorno familiar… Nada parece que estemos ante una serie que trata una enfermedad tan grave y tan difícil de curar, sin pasar antes por un duro y largo tratamiento, como ha hecho el ex Presidente brasileño Lula Da Silva, con mucho coraje.

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Esto puede recordarnos a la inolvidable serie de TV3 “Polseres vermelles” (Pulseras rojas), otra producción que despojaba de drama puro y duro a varios adolescentes que padecían cáncer, ya comentada aquí y que maravilló al mismísimo Spielberg.

Otras veces hemos visto en la pantalla, sobre todo en la del cine, a gente que aprendía a vivir con estas enfermedades, como el gris funcionario municipal japonés de “Vivir” de Akira Kurosawa, que antes de morir quería dejar hecha la construcción de un parque infantil, que los habitantes de su ciudad reclamaban imperiosamente. El maestro japonés supo mostrarlo todo con un tono poético extraordinario.

O la adaptación a una situación límite del periodista francés Jean-Dominique Bauby en “La escafandra y la mariposa”, libro autobiográfico llevado al cine de manera magistral por Julian Schnabel, rehuyendo sabiamente el melodramatismo por que el protagonista, por un derrame cerebral, se quedó paralizado y sin poder hablar, pudiéndose expresar solamente por el movimiento de uno de sus párpados.

Cuando Bauby se adaptaba ya a su nuevo estado, enfermó y murió. Una de las reflexiones que nos dejó Bauby fue cómo sus hijos le seguían queriendo a pesar de su parálisis, con esta frase: “Aunque ellos sólo vean un pedazo de padre, siguen viendo a su padre”.