Desde la emisión de la primera edición de “Gran Hermano”, allá por el ya lejano año 2000, Mediaset España entendió que la fórmula más directa y rápida para conseguir audiencia y éxito comercial pasaba por la emisión de una serie de programas o concursos en los cuales se reunía a un grupo de personajes “anónimos” (en los últimos tiempos, y con la producción de las versiones llamadas “VIP” de estos “realitys”, ya no lo son tanto) y someterlos a una “convivencia” que más que vivencia o prueba de superación personal parece reducirse a ver quién crea más polémica, grita y discute mejor con los demás, mientras se hace literalmente de oro a sí mismo y a su familia.

Para sorpresa, e indignación de muchos, mientras en la gran mayoría de los países donde se implementó en la programación televisiva este tipo de concursos la fórmula fracasaba rápidamente, en España se generó un auténtico fenómeno fan, en el cual millones de personas consumían alegremente cualquier tipo de títulos que tuvieran que ver con supuestos “experimentos sociológicos” o, para que esconder el verdadero aliciente de estas producciones, por mero, puro, y duro morbo.

Sin embargo, no siempre le salen las cuentas a Mediaset, y en ocasiones lanzan “realitys” y “talents shows” que cosechan estrepitosos fracasos, como por ejemplo los casos del polémico “Vaya fauna” y de “Pasaporte a la isla”

Demasiados despropósitos para un producto tan soso

 

Muchas son las posibles causas para que “Pasaporte a la isla” no consiga enganchar masivamente a la audiencia, entre las cuáles no son las menores los hechos de que Jordi González no parece disimular la sensación de estar presentando algo que ni le convence ni le gusta y el ver a una Laura Lobo a quien han sacado en el último momento de la “comodidad” de los reportajes de cuore y que se ve perdida en la dirección de algo a lo que no sabe cómo enfrentarse.

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Es una pena, porque estos retos, por muy inesperados que sean, pueden arruinar o marcar la vida laboral de un periodista.

Otras razones, no descartables, son el escaso “punch” de los participantes de “Pasaporte…” personajes apenas populares y que no causan impacto ni empatía entre el público. Pero además las entregas del “reality” se hacen interminables, las pruebas aburridas y todo en esta producción tiene el regusto de algo excesivamente prefabricado, un refrito de fracasos anteriores como “Campamento de verano” o “Acorralados”, que con la excusa de ofrecer una especie de prueba preliminar a “Supervivientes” ahora deambula por nuestras pantallas, con más pena que gloria (apenas atrae a un 11% del share en su franja horaria) hasta que la dirección de Tele 5 decida, quizá, suspender su emisión.