Robin Williams es de esa rara especie de actores de los que por más años que transcurran desde su muerte, nadie es capaz de olvidarse gracias a sus maravillosas películas. Títulos como ‘El club de los poetas muertos’, ‘El indomable Will Hunting’, la inolvidable para toda una generación de niños ‘Jumanji ‘ o ‘La Señora Doubtfire’, hacen que sea para siempre una leyenda del Cine. El 11 de agosto del año pasado murió el hombre y nació la leyenda. El actor aparecía ahorcado en su casa de California en lo que fue declarado como un caso de suicidio. Debido a su depresión, Williams era apodado por algunos como “El cómico triste”.

El mundo del cine y todos los aficionados a su humor, siempre sentimental y humano, lloraron su prematura muerte a los 63 años.

El actor no pudo superar una profunda depresión que llevaba años arrastrando, sumado a sus problemas reconocidos con el alcohol y las drogas. Sus matrimonios tampoco estuvieron exentos de problemas, con acusaciones de infidelidades y varias visitas a los tribunales sobre la mesa. Días después de su muerte se desveló que el actor estaba desarrollando los primeros síntomas de la enfermedad de Parkinson, algo que no había revelado a sus hijos y a su última esposa, Susan Schneider. Tuvo tres hijos: Zelda y Cody, fruto de su matrimonio con Marsha Graces y Zak, nacido de su primer matrimonio con Valerie Velardi. Schneider fue quién descubrió su cuerpo sin vida hace ahora un año.

La enfermedad de Parkinson pudo ser uno de los motivos que llevaron al genial comediante a tomar la decisión de acabar con su vida, ya que no se vio capaz de poder afrontarla.

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Todo esto sumado a la depresión, agudizada tal vez por la falta de ofertas cinematográficas y el fallido intento de hacer una segunda parte de ‘Señora Doubtfire’.  Lo que parece evidente es que la decisión que tomó Williams no fue repentina, ya que por su casa aparecieron notas sospechosas dedicadas a su mujer y a sus hijos en las que anunciaba su final. “Es hora de irse”, “He terminado con todo”, son algunas de las esclarecedoras notas que se encontraron en casa del actor durante la posterior investigación policial.

Robin Williams siempre será recordado por provocar algo más que una simple carcajada en el espectador, removía la conciencia de cada uno y hacía que el espectador saliera de la sala de cine con un nudo en el alma. Películas como Patch Adams, en la que interpretaba a un médico que hacía reír a sus pacientes, niños con cáncer, hacen que sea recordado por ir más allá, por despertar algo en cada uno de nosotros que creíamos dormido: la humanidad, la empatía y la sensibilidad.

Era más que un cómico, era alguien capaz de emocionar al espectador y provocarle, tras una carcajada, la llantina más profunda y regeneradora posible. Sus películas han llegado a ser lecciones de vida para varias generaciones.

Hace un año que nos dejó, pero su legado quedará y sus películas jamás serán olvidadas. Su legado es eterno y su figura todavía proyecta una alargada sombra en la famosa colina de Hollywood, donde nadie es capaz de olvidarle e incluso algunos todavía no acaban de creerse que simplemente, ya no esté. Dejó también películas póstumas, como la tercer parte de “Noche en el Museo”. Para los espectadores de todas las edades quedará su herencia en forma de lección de vida. Habrá que hacerle caso y como bien dijo en ‘El Club de los Poetas Muertos’, “disfrutar el momento”.