Todo el que la conoce afirma de ella que hace lo que le da la gana, pero es que su comportamiento fuera de los estudios de grabación confirma esa tesis. Hay quien lo celebra y a quien le disgusta incluso que se tome un café con hielo, si es que es de pedirlos de ese modo. 

Lo que es innegable es que Rihanna da que hablar y además está encantada cada vez que lo consigue. Pero por encima de los escándalos es una artista descomunal que se permite el lujo de ser ella misma.

Bitch better have my money es el último videoclip que ha lanzado, e Internet no ha tardado en echar humo con las críticas. La historia de una venganza llevada a sus últimas consecuencias con imágenes explícitas de tortura, algún que otro desnudo, por ejemplo el de la propia cantante, y un ambiente lleno de alcohol, drogas y prostitución inundan sus minutos musicales.

Rihanna no está acostumbrada a ofrecer este tipo de vídeos. Su Umbrella era una obra de arte a todos los niveles, una composición impecable que en el apartado estético contaba con una fotografía prodigiosa y unas coreografías insuperables que podrían ponerlo hoy por delante de cualquier otro, porque vídeos así no se ven todos los días. O su Diamonds, otra joya en la que el contenido y el continente equilibran uno de los trabajos musicales más bellos que se hayan rodado.

Lo que Rihanna hace aquí es algo parecido a lo que suele caracterizar al director Quentin Tarantino pero condensado en el escaso espacio que otorga el mundo de la Música. No a todos gustan los excesos de Quentin ni a todos ha gustado cuando ha sido Rihanna quien los ha llevado a cabo. Hay quien no ha podido verlo hasta el final y hay quien se ha quedado únicamente sabiendo que vería al intérprete de Hannibal, la serie de Televisión que protagoniza el actor danés Mads Mikkelsen.

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No es él el único intérprete que aparece en Bitch better have my money, también tiene su importancia Eric Roberts, hermano de Julia, que interpreta al policía al frente de la investigación de un secuestro. Porque a esta incursión en el cine negro no le falta detalle.

Pero no es suficiente la locura, el desenfreno, el desfase que atraiga espectadores a aportar su opinión a la polémica. No basta con crear el ambiente buscado, también hay que saber darle una armonía dentro del género, a ser posible sin marear dando innecesarias vueltas con la cámara ni alargar una historia que no da para lo que el vídeo contiene. Rihanna es grande pero esta vez no ha acertado.