Fue una de las noticias más llamativas de los últimos meses: Eva Hache, la que había sido presentadora de El club de la comedia desde el 2011, dejaba de serlo. Alexandra Jiménez, protagonista de películas tan divertidas y disparatadas como No controles, Promoción fantasma o Spanish movie, sería ahora la encargada de conducirlo.

La productora Globomedia confió en ella para la nueva temporada, la número 11 ya, que comenzó a grabarse hace unas semanas y a emitirse el día 19 de julio.

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La inauguró el genial humorista Leo Harlem con un monólogo sobre viajes y tras el paso de Agustín Jiménez o Santiago Segura por el escenario, concluyó el primer programa el ya imprescindible, porque se lo ha ganado y se lo merece, Dani Rovira.

De todos ellos esperamos el alto nivel que nos dan siempre. No es nuevo, nos han acostumbrado a que sus monólogos sean desternillantes y una vez tras otra consiguen que lo sean. La gran pregunta a resolver era qué tal se le daría a Alexandra la difícil tarea de enfrentarse a la sombra de Eva Hache.

Y es que aunque haya habido otros presentadores en El club de la comedia, como Javier Veiga, Emilio Aragón o El Gran Wyoming, las cuatro temporadas en las que Hache estuvo al frente, más que ningún otro conductor del espacio, han dejado una huella en él casi comparable al paso de Billy Crystal por las ceremonias de los Oscar.

Por lo tanto, para Alexandra el reto era aún mayor. Pero nada es imposible para la chica que consagró con su grandeza a los Premios Feroz en su primera edición.

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El escenario del cine Callao, que sirvió de carta de presentación a los galardones, parecía pertenecerle y las risas que generaban sus bloques de intervención aún deben resonar en las instalaciones del recinto.

Así no es de extrañar que también con El club de la comedia su talento brillara. Compararla con Eva Hache era inevitable, y la emisión de un solo programa no es todavía medida para afirmar que la actriz lo haga peor. Simplemente son distintas, no tienen nada que ver una con la otra, y a partir de ahí querer igualarlas es pretenderlo como ejercicio psicológico que reafirme el pasado.

Pero el futuro de Alexandra al frente del programa se adivina brillante. Su soltura en el escenario es evidente y su nivel de comicidad muy alto. Después de una presentación en la que dejó claro que sabía dónde estaba y con respecto a quién se la jugaba, pidió que la audiencia no fuera demasiado dura, cosa normal con tanta presión encima, tras lo cual demostró que la solicitud había sido innecesaria.

Porque las risas volvieron a inundar la sala. Carcajadas y aplausos dieron el visto bueno a su trabajo, y Alexandra recibió, una vez más, la confirmación de que puede con todo. Y en próximos programas de El club de la comedia lo seguiremos comprobando.